miércoles, 11 de marzo de 2015

verdad que así era el amor

Bajo a la bodega a comprar mi desayuno y nada más entrar veo a una viejita locaza que está conversando con los tenderos. Conversar es un decir porque en realidad monologa y hace muecas para que todos los vecinos la escuchemos. Dice: ¡Despáchame rápido esas tostadas y la mermelada que me estoy yendo a ver a mi novio! ¡Y ponme también unos plátanos! Como la tía tiene pinta de que su último novio fue Porras Barrenechea, todos nos reímos entre muelas. Ella se da cuenta y fingiendo estar ofendida nos reclama ¿Qué? ¿No puedo tener novio? Miren —nos dice mientras saca de su cartera un objeto envuelto en un delicado pañuelo de seda color turquesa— le estoy llevando este regalo. No lo desenvuelve, pero cuenta: ¡Es una pistola! Para que se mate, ese desgraciado. Conchasumare. No sabemos si reírnos o salir corriendo. Ella continúa —Todos son iguales, pegalones carajo, ya me voy a llevarle su desayuno, chau—. Se va. Cuando salgo de la bodega la veo parada en una esquina como tratando de ubicarse. En una mano lleva la bolsa con las tostadas y los plátanos y en la otra la cartera con el arma. Carajo, verdad que así era el amor —recuerdo— estar extraviado con la alegría en una mano y las ganas de matar en la otra. De pronto parece recuperar el rastro y la veo irse con pasos decididos. ¿Cuánto más tardará en volver a cogerme a mí el virus? pienso y me recorre un escalofrío. Me sacudo como si se me hubiese subido un bicho gigante a la espalda. Subo a mi casa. Cierro la puerta. Me sirvo un vaso de leche chocolatada. Y bebo. Y estoy solo. Y estoy bien.

lunes, 9 de febrero de 2015

sobre Los tres mosqueteros

Acabo de terminar de leer Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas y ha sido una de mis más grandes decepciones literarias. Tal vez debí leerla cuando era niño. A estas alturas de la vida se me hace imposible empatizar con personajes que toman decisiones movidos por razones tan cojudas como el honor o el amor a la patria. Son como esos galanes de cigarrillo que antes nos parecían rebeldes y ahora solo nos parecen futuros enfermos de cáncer.

Los tres mosqueteros (Athos, Porthos y Aramis) son unos cretinos: se ofenden como niñas si alguien los mira feo, son abusivos y déspotas, les importan las apariencias, despilfarran el dinero de sus amigos y gilean con mujeres casadas que pa concha los mantienen. Pero Dartagnan, putamadre, Dartagnan ya la pega de huevonazo. Mata a decenas de tipos por el amor de una ñorsa que apenas conoce. Causa, yo también me he vuelto loco por chicas a las que vi una sola noche y podría haber llenado hojas y hojas de demencia por esas cacheras, pero el hecho es que Dumas no se detiene en la exaltación de ese amor, porque claro, es un libro de aventuras y lo que importa es que exista un catalizador de las acciones, en este caso, la mujer, pero al no hacerlo deja a su héroe Dartagnan como un bolas calientes. 

El caso es que, debido a mi imposibilidad de dejar un libro a medias, he ido comiéndome la novela con prisa, devorando los capítulos por decenas como un niño que quiere acabar rápido la sopa para ir a ver tele (apenas la terminé corrí a coger Misery de Stephen King que me ha caído como una helada lata de redbull) Sin embargo, cuando ya había aceptado que todos eran unos perfectos pendejos y en vez de tratar de empatizar tomé distancia del libro y vi la historia burlonamente y desde lejos (como cuando Vargas Llosa cuenta que iba al puente de Piura a ver cachar a los burritos en el cauce seco del río), el libro se me hizo más divertido, la trama se aceleró, todos los cabos se fueron atando y para cuando llegué al final con la decapitación de Milady -cuya ilustración (de Maurice Leloir) anexo abajo- estaba maravillado y casi me paro en la cama para aplaudir. 

Quería contar además que el capítulo XXXV se llama "De noche todos los gatos son pardos" como la canción de los Caifanes. Pero más loco me volví cuando vi que el penúltimo o antepenúltimo capítulo comienza ¡exactamente! con la misma frase con la que Snoopy, el perro de Charlie Brown, abre siempre sus cuentos "It was a dark and stormy night". ¿Será posible que Shultz haya sacado de ahí la frase? Cuando la leí me quise volver chango. 

Bueno, a lo que iba este post no es a desmerecer la novela de Dumas. De hecho, en la pila de libros por leer que está al pie de mi cama tengo El Conde de Montecristo y presiento que con esa me irá mucho mejor.  Yo la verdad venía a lo contrario, pues justamente cuando acababa el libro y llegué a la escena en la que Dartagnan comprende que, después de haber hecho tantas huevadas juntos, los 4 amigos van a separarse y todo triste le dice a Athos: "Ya no tendré más amigos ni nada más que amargos recuerdos"  Y Athos le responde "Eres joven y tus amargos recuerdos tienen tiempo de cambiarse en dulces recuerdos", me partí en dos. Un poco por la frase, pero sobre todo, carajo, porque supe que nunca más iba a sentir eso que estaba sintiendo mientras la leía y me dio nostalgia. Precisamente porque sabía que nunca iba a releer este libro y por tanto, la emoción producida por  la imagen de los amigos separándose y la sabia frase de Athos, jamás se repetirá en mi vida. 

Cada libro es único y esa sensación de terminar uno es irrepetible en el siguiente. Antes eso me parecía bien porque siempre volví a los libros que me gustaban y era como tener la sensación atrapada. He releído héroes, the catcher in the rye, los inocentes más de diez veces. Pero últimamente, tal vez al ver cómo los años pasan y lo grande que son las bibliotecas, ya me di cuenta de que hay libros de mi librero que nunca más podré releer para dejarle tiempo a todos aquellos que tengo pendientes. Y eso me angustia terriblemente.

Le decía a mi pata el Inde: ¡Carajo, ya quiero que se acaben los libros en el mundo para pasar el resto de mi vida leyendo los que me gustaron mucho! Pero no se puede pe'. Y lo que me maravilla es que haya descubierto esto al terminar un libro que en general no me gustó. Que pueda sentir nostalgia de algo solo porque es único en el mundo.  Es un poco como lo que dice Calamaro cuando canta Lorena "hay que ser hombre para olvidar a una mujer si no hay otra igual". 




el que se agarra la cabeza con aspecto de lamento debe ser el cretino de Dartagnan que aún después de haber atravesado con su espada a medio París, parece espantarse de la decapitación de Milady solo porque es una mujer cuando esa era otra salvaje que también anduvo cercenando vidas por doquier. pfff. ya pes amigo Dartagnan, un poco más de coherencia


viernes, 6 de febrero de 2015

carta del 2007


¿Podrá ser solo coincidencia que justo esta mañana haya sentido el impulso de abrir esa caja de recuerdos que nunca abro y al hojear una vieja libreta haya encontrado este calco de mi mano que tracé un 6 de febrero como hoy hace 8 años?


Y además ¿qué estaría haciendo yo aquel día?
Bueno, según el calendario era martes
así que más que seguro que estaba en la agencia
aburrido

Ahora estoy en mi casa, oyendo a Charlie Parker y escribiendo
los cuentos de mi segundo libro.

He calcado mi mano en una nueva libreta
una nueva libreta que pronto también terminará
guardada en una caja

¿Qué estaré haciendo cuando
la vuelva a encontrar
dentro de 8 años?

martes, 6 de enero de 2015

Canchita


la locación original de estos sucesos fue el bar de Don Lucho
a finales del año 2014. Por esos días, Jair me había
vendido una hierba increíblemente potente.
Después de la escena dibujada, el cerebro de Canchita abandonó
la celda craneana y huyó para siempre al infinito

viernes, 12 de diciembre de 2014

Tragicómico viaje a la laguna de la Huacachina con mi futuro editor, también conocido como La vetusta Morla. El amigo que me invitó a leer poesía nunca apareció. Como él era el único que sabía que yo iba a leer (y yo no me tengo tanta fe poética como para decir esta boca es mía) no leí ni mierda. Mis textos se quedaron dentro de mi morral junto con mis calzoncillos y mi cepillo de dientes. En otro momento no me hubiese importado, pero como justo ando leyendo Mujeres de Bukowski, un libro que Charles escribió cuando ya era famoso y en el que cuenta de todas las muchachitas que se lanzaban a su cama después de los recitales, pues, yo andaba optimista con la idea. Al final solo compartí una habitación de hotel con mi editor, que es lo que le toca al 99% de escritores. Pero compramos un pisco. Nos lo pasábamos de una cama a la otra. Apagamos las luces. Mirábamos un programa de cocina en el que Anthony Bourdain puteaba a otro chef. Comía y decía: esto es una basofia. Luego le daban otra cosa: Basura, basura. Otro plato nuevo: Lo peor que he probado en la vida. El otro chef quería llorar. Al principio pensé: pobre muchacho. Pero luego me daba más pena por Bourdain. En lo triste que debe ser haber desarrollado tanto el paladar y que todo te parezca una mierda. Luego me quedé dormido. En el bus de regreso vimos el atardecer. Treinta minutos antes de llegar a Lima la terramoza puso un cd con videos de Enrique Iglesias. En uno salía Mickey Rourke pateándole la barriga. Esa fue la única parte buena. La peor parte fue cuando reconocí una de las canciones y me di cuenta que era una terrible versión en español de la bellísima canción que los Flying Pickets tocan al final de Fallen Angels. Only you. Si en el 2013 hubieses entrado a mi corazón como quien entra a la casa del terror, hubieses escuchado esa canción de fondo. La última vez que fui a la laguna la Huacachina, hace 8 años, perdí mis lentes amarillos en medio de una borrachera en las dunas. Cuando desperté volví a las dunas y me puse a buscar mis lentes amarillos. Yo les llamaba los lentes de la felicidad así que no quería perderlos. Temía que el simbolismo se materializara. El sol pegaba en la arena y me rebotaba en la cara como bofetadas de lata. Al cabo de una hora desistí. Di por perdidos los lentes. Esa misma tarde volvimos a Lima en la camioneta de Fer. Por la mañana habíamos estado en la piscina del hotel jugando a aguantar la respiración. Yo quería aguantar más. No porque me importara ganar sino porque me parecía lógico que de los 7, fuese yo, el único que había ido sin novia, el más dispuesto a vivir bajo el agua. Pero el asma no me dejó. Pensé: a lo mejor la próxima vez que venga encuentro mis lentes. Pero no los he encontrado esta vez.