lunes, 20 de octubre de 2014

canciones y cuentos

Estaba acordándome de este cuento de Flannery O'connor que se llama "A good man is hard to find" sobre este asesino que se cruza con una familia que va de viaje por la carretera y me di cuenta de que cuando lo leí, (hace como diez años en una clase con Rosella di Paolo), no había oído a Bessie Smith cantar la canción de donde Flannery tomó el nombre para el cuento. También hace poco releí este genial cuento de Bukowski llamado "Animales hasta en la sopa" y me pregunté por qué carajo Charles le había dado un nombre tan bobo y juguetón a un cuento que era mucho más que un chiste. Pero luego, buscando el nombre del cuento en inglés, descubrí que "Animals crackers in my soup" también es una canción de Shirley Temple. En el vídeo sale Shirley, esta niña cachetona de bucles rubios, cantando la canción mientras se pasea en overall por lo que parece el comedor de un orfanato de niñas. Me da risa pensar en Charles terminando su cuento y acordándose de Shirley Temple o tal vez Charles escuchando a Shirley Temple y pensando "voy a escribir algo con ese título pero que no sea tan huevonazo como esta canción". Luego he tratado de acordarme de más cuentos que lleven nombres de canciones y he recordado Straight to hell de mi pata Gonza y al ir a revisar el libro he descubierto 3 más: Queen Jane approximately,Cha cha cha y Cat food, que da título al libro y que es una canción de King Crimson. También recordé "El amor es un arma caliente" de Víctor (aunque este último es en realidad el título del libro y no de uno de los cuentos). Y por supuesto está Héroes de Loriga (toda la novela en realidad es un tributo a Bowie y a los rockstars que han guiado nuestra juventud). El primer cuento que yo escribí con nombre de canción se llamaba Summertime y recuerdo que la madrugada en que lo escribí, escuché esa canción de Janis por lo menos unas cuarenta veces. También alguna vez escribí un texto llamado Blue velvet después de ver la película en la que Isabella Rosellini canta la canción, y otro llamado Love is strong como la canción de los stones. ¿Ustedes conocen otros cuentos con nombres de canciones?

sábado, 18 de octubre de 2014

Acabo de ver La grande bellezza y me he quedado con la sensación de que debo salir a la calle. De que la vida está en otra parte y no aquí en este cuarto, por más bien que se esté sobre el colchón iluminado por el reflejo del proyector en mi pared. Es peligroso ver películas los sábados por la noche. Sobre todo si uno está solo. Porque algunas son como un pequeño Aleph que te asoma al mundo. Te recuerdan que afuera hay calles de farolitos, fiestas, pájaros hermosos, barrenderos, gente borracha que dice cosas maravillosas, chicas, besos, música. Ya me había pasado antes. Con El graduado, por ejemplo. Pensaba verla antes de dormir, pero después de aquel final con la escena de la boda y la fuga tuve que ponerme el jean e irme a pasear a Barranco, esperando, como diría Ribeyro, "la irrupción de lo maravilloso". Sin embargo, esta semana ya he tenido suficiente irrupción de lo maravilloso. Tanto que ayer he estado a punto de desvanecerme y J ha tenido que traerme agua y un pedazo de su propia torta de cumpleaños. Sí, la vida está en otra parte. Pero ya la saldré a buscar mañana cuando vaya con Pika a pasear a la ciclovía. Por ahora será mejor que me meta a la cama de nuevo y le dé play a otra película, esperando escoger alguna boba comedia de Hollywood y no otra que me recuerde que la noche es un laberinto mágico y que los minutos de nuestra vida son como pájaros migratorios que se posan brevemente a descansar en nuestras cornisas pero que abren las alas para seguir con su viaje apenas ven que nos aproximamos.

jueves, 16 de octubre de 2014

Ribeyro



Es como una especie de amor platónico esto que siento, pensé la primera vez que estuve parado frente a la máquina de escribir de Ribeyro. Era una Olympia de color gris. Tenía las teclas en diferentes intensidades de crema (imagino según la frecuencia con la que Julio usó tal o cuál letra, aunque tal vez ya estoy alucinando). Tenía también dos teclas laterales de color verde-hospital cuya función desconozco, la barra espaciadora estaba ligeramente cuarteada y, en general, al ver la máquina, sentías que le habían dado tantas veces con los dedos que, aun estando quieta, escuchabas su sonido, como el de un jardín lleno de grillos insomnes.

La tienen en la Casa de la Literatura Peruana por si quieren ir a verla. Yo había ido a la exposición para ver las viejas fotos de Julio, las primeras ediciones de sus libros, pero no sospechaba la presencia de su máquina, así que cuando llegué hasta la vitrina que la contenía, me empecé a sentir como un vaso en el que han vertido la cerveza tan rápido, que la espuma sube violentamente amenazando con derramarse. Me alejaba de la vitrina, caminaba y volvía a verla. Mi cerebro decía: No NO NO! Era la máquina en la que había escrito las Prosas apátridas, Tristes querellas en la vieja quinta, tal vez Solo para fumadores y eso me sobrepasaba. Era raro. El mismo Julio habla de las reliquias como "cosas deshabitadas". Decía que por eso él nunca iba a visitar la casa del artista. El sillón de Voltaire, el pincel de Leonardo eran para él "objetos por donde el espíritu del artista solo estuvo de paso para instalarse en la obra". Entonces ¿por qué me ponía así al estar parado frente a su Olympia?

Días antes había pedaleado mi bici como un salvaje desde la UPC de Monterrico hasta la Plaza San Martín solo porque estaban a punto de acabarse unas jodidas tazas con una ilustración de Ribeyro fumando en París. ¡Una taza! Y luego estaban las fotos de la expo. Uno está acostumbrado a ver fotos de un Ribeyro cuarentón, cincuentón, flaco, pelado, probablemente enfermo y cagado. Pero el de estas fotos no era Ribeyro. Era Julio, joven, intenso, con copete y fachas de matador. Daba ganas de escucharle la voz, de llevárselo de vinos, de no presentarle a la flaca que te gusta. Putamadre, que cabro que soy, pensaba mientras lo miraba obnubilado. Pero luego me acordaba de esa escena de Martin H en la que Poncela dice que a él lo seducen las mentes y que hay que follarse a las mentes y aquello me aliviaba. Debe ser eso, pensé, me seduce su mente y por eso parezco una quinceañera a la que se le ha roto el elástico del calzón.

Ahora, es decir, anteayer por la noche, le he comprado a mi pata Cardo –que es una especie de saqueador de tumbas literario– los tres tomos del diario de Ribeyro que a él tanto le había costado conseguir (2 años recorriendo Quilca y Amazonas. Le dice su amiga para consolarlo: 2 años se pasan volando xD ¡Fuerza Cardo! sé que los conseguirás de nuevo). Yo ya había leído La tentación del fracaso hace como 4 años en la nueva edición que sacó Seix Barral y que K me prestó. Se preguntarán ustedes ¿entonces para qué chucha te los has comprado si ya los leíste? Y no les faltará razón. ¿Por qué este fetichismo, esas ganas de tener los libros al pie de la cama? Lo explico:

Ribeyro es un gran cuentista, sin embargo, hay muchos grandes cuentistas ¿verdad? Carver, Cortázar, McCullers, Chéjov, García Márquez, Bukowski, Poe, Hemigway, Maupassant, Bradbury, en fin. Creo que lo que me maravilla de él no son tanto sus cuentos, o sí, (diablos, de solo pensar en Al pie del acantilado se me pone la piel de gallina) pero sobretodo la idea de todo sus cuentos como obra completa: La palabra del mudo, y lo que escribió en la carretera auxiliar de la literatura: las Prosas apátridas y este diario. Ese TODO me recuerda que Ribeyro escribía siempre, incluso cuando no estaba haciéndolo. Y no como un oficio, un juego, un trabajo, un escape, un pasatiempo o una pasión, porque hasta de las pasiones -tarde o temprano- uno acaba por curarse, sino como la ÚNICA forma que tenía de procesar el hecho de estar vivo. Recuerdo haber leído que cuando escribió Crónica de San Gabriel, estaba tan concentrado en la historia que al evocar esas épocas, recordaba más los escenarios de la novela y los personajes que la propia casa en la que la escribió.

Ribeyro es la imagen de la vida que yo escogí, llevada hasta el extremo. Y es por eso que me basta ver sus libros cerca para recordar que yo también debo internarme en las palabras e incendiar el puente. Esta ciudad que ustedes habitan, no me pertenece. Aquí crecí y tuve amigos. Pero yo debo parecerme cada vez más a un forastero al que solo se le permite colarse por las noches como un bicho carroñero para recoger el rastro de las historias. Dado que el destierro no es impuesto sino voluntario, mi cobardía -o tal vez solo mi pereza- todavía me tiene detenido en la frontera que separa Lima de la ciudad inventada. Me cuesta alejarme de estas calles, de los amigos. Pero poco a poco he ido comprendiendo que la ciudad que replicamos al escribir, como un espejo trucado que corrige y expande detalles a su antojo, es un mejor lugar desde donde mirar la vida. Soy el obrero de una ciudad que necesito habitar y que otros habitarán cuando me lean.

Mientras termino este texto, mi gran amigo y escritor Jorge me ha preguntado qué hago. Escribiendo, le he dicho. No te molesto más, me responde y se va. Me ha conmovido su respuesta. Es como si ya comprendiéramos lo que nos toca. Somos dos albañiles que se lanzan los ladrillos en silencio. Sabemos que hay gente esperando caminar por las calles que nosotros empedraremos, enamorarse de las chicas que recordaremos, reírse de las cosas que los locos de nuestro pueblo inventarán. Y para mí, saber que Ribeyro es uno de los arquitectos que levantó parte de la gran ciudad, hace que acepte esta labor de obrero con energía.

Sé que mi tarea es todavía humilde. Veo a Huxley inventando el futuro. A Verne cavando el centro de la tierra. A García Márquez colocando galeones en el medio de la selva, a Bukowski inaugurando bares y regando putas, a Kerouac extendiendo carreteras interestatales. Y pienso en cuán infinito es el mundo de las palabras. Y cuán pequeño soy yo. Pero aún así, intuyo que mi tarea es importante. Y que este breve pedazo de tierra que hoy estoy removiendo con mis dedos, será el soleado jardín en el que alguien se echará a descansar mañana.

martes, 7 de octubre de 2014

Poe

Hace unas semanas, mi primo Eduardo me contó que había conseguido “La narración de Arthur Gordon Pym” de Edgar Allan Poe en la edición de tapa dura de la colección Mis libros. Como yo estoy juntando esa colección (además de la insania de los Populibros que aún me tiene loco pues me faltan 2 de los 63), me volví chango porque ese volumen no lo tenía. Mi primo, que tiene 17 años y estudia Mecatrónica en la cato pero lee más literatura que varios de mis muchachos de Comunicaciones ¬¬, me explicó que esa era la única novela que había escrito Poe y que, además de la habitual matanza, incluía canibalismo. Después me dijo ¿EN SERIO, NO LA HAS LEÍDO? con el mismo tono que usaría alguien para preguntar ¿TODAVÍA TE MEAS LA CAMA? Bajé la cabeza, avergonzado. Unas semanas después, recorriendo Amazonas, conseguí el libro en esa misma edición y esa madrugada lo leí todo. Poe me subió al barco, me hizo naufragar y luego me tuvo flotando sobre los pocos maderos que aún se mantenían a flote, rodeado de tiburones y decidiendo con palitos quién sería el primero en morir canibalizado. Esa es mi idea de un buen libro. Es decir, ahora puedo disfrutar libros en los que los personajes no se comen a sus amigos, pero el niño que habita mi cerebro y que comenzó leyendo Viaje al centro de la tierra y Los viajes de Gulliver, siempre extraña este tipo de aventuras extraordinarias. Yo estaba medio palteado antes de empezar el libro porque ya me ha pasado leer a cuentistas geniales cuyas novelas me han decepcionado, pero Poe no fue el caso.

Estoy escribiendo esto porque en el muro de Karen vi que Edgar murió un día como hoy hace 165 años, cuatro días después de que lo encontrasen en las calles de Baltimore, delirando, borracho, casi muerto, y sin recordar cómo diablos había terminado así ni de quién eran las ropas que traía puestas. Tal vez en el caso de otros escritores convenga más recordarlos en el aniversario de su nacimiento, pero tratándose de Poe para quien la muerte más que un tema fue una especie de aura, nos viene bien este día. Sin embargo, como no disfruto tanto de hacer análisis ni crítica literaria, lo que estoy haciendo es contar algunas de las intersecciones de su obra con mi vida.

Otra noche, esperando a un amigo afuera del concierto de Metallica al que yo no había podido ir porque estaba misiazo, estuve sentado en una mugrosa esquina de Petit Thouars con unos papeles en los que había impreso El gato negro. Al día siguiente tenía que dar una clase sobre ese cuento así que quería analizarlo y ver qué podía decir. El concierto se había extendido más de lo previsto así que pasaban ya de las once de la noche y no había ni rastro de mi pata. Mientras leía el cuento, sentía cómo los últimos limeños subían a los buses y me dejaban solo en las calles desiertas de Lince. Cada vez que una cuadra se quedaba vacía, yo (más chivato) me paraba de la vereda y me iba a otra donde todavía hubiese por lo menos un barrendero o un perro callejero y seguía leyendo. La atmósfera que manaba del cuento era tan fuerte que transformaba la ciudad. Era como si en plena Petit Thouars yo me hubiese puesto a desenterrar tumbas y todos los gatos de Lima estuvieran mirándome. Pero además, la arquitectura del cuento era tan bella, que la euforia del descubrimiento y el miedo se mezclaban en mi cerebro como en un caldero, y me hacían sentir como imagino se debe haber sentido el primer sujeto que desenterró una momia o el esqueleto de un dinosaurio. Esa noche, Poe hizo que olvidara que me había perdido el concierto de Metálica y comprendí que aquella mugrosa esquina de Petit Thouars era mi único lugar posible aquella medianoche de marzo.

También podría contar que hace como 6 años, cuando fui a mi viejo colegio de Talara para la primera comunión de mi hermanito, terminé entrando a la biblioteca del cole y me llevé de recuerdo una antología de Poe (mi excusa es que habían como 20 copias) encaletada en el bolsillo del terno. Yo siempre fui un niño bueno en la primaria y nunca hacía pendejadas así que digamos que ese acto vandálico era algo que me debía a mí mismo con 20 años de retraso. Mis hermanitos me miraron con cara de espanto cuando vieron que me llevaba el libro, pero les prometí que cuando publicara el mío, mandaría una copia a mi colegio para subsanar el hueco, cosa que hice, aunque dudo que mis cuentos puedan cubrir el vacío dejado por Poe.

Finalmente, lo último que contaré es que lo primero que leí de Poe fue su poema “El cuervo”. Mi amigo Marco, que gustaba de hacer ruidos de animales, me hablaba siempre de ese poema y a veces chillaba como cuervo y decía ¡NUNCA MÁS! (Ahora cuando escucho a Jeanette cantar aquella parte de Corazón de poeta donde dice que su novio tiene “la voz de un pájaro” inmediatamente en mi cabeza suena el chillido del cuervo gritando ¡NERVEMORE!). Pero en todo caso, esta mañana abrí de nuevo el poema y lo leí y también escuché en youtube algunas versiones narradas por Vincent Price, Christopher Lee y Christopher Walken y terminé con los ojos vidriosos en la biblioteca de esta universidad donde lo leí por primera vez.

Aquí se los dejo. Aunque si nunca lo han leído, mejor guárdenlo para la noche cuando estén solos. En cuanto a mí, ya no puedo esperar a que se reanuden las clases para ir al salón, pedirles a estos salvajes que se recuesten sobre sus brazos, apagar las luces, cerrar las cortinas y buscando una voz como salida del averno mientras me paseo aleteando entre sus carpetas, comenzar a leerles: "Una vez, al filo de una lúgubre media noche…

¡NEVERMORE!

http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ing/poe/cuervo.htm



viernes, 3 de octubre de 2014

Profe, usted nos trae porno

Siempre llevo cómics a mis alumnos grandes pero hoy se los llevé también a los más pequeños. No censuré nada así que había desde Charly Brown hasta cómic underground nacional. Uno de los chibolos abre el libro "Tren de ficción" de mi pata Carlos Lavida y se encuentra con una viñeta en la que aparece una chica con las tetas al aire. Me la muestra y me dice: "Profe, usted nos trae porno". La maravillosa frase inmediatamente logra 2 cosas: La primera: congelar el espacio-tiempo mientras yo me quedo con cara de huevón y el resto del salón con la risa a punto de estallar. La segunda: teletransportarme 18 años atrás cuando un amigo dijo exactamente la misma frase a nuestro profe Lucho Torrejón, después de que este nos proyectara una película española llamada Amantes en la que una chica le metía un pañuelo al culo a su chico mientras se la follaba. La frase de mi pata en realidad no fue tanto una afirmación como un cuestionamiento. Dijo: Profe ¿POR QUÉ nos pone PORNO? La palabra PORNO quedó retumbando en el salón como si de pronto hubiese entrado Nacho Vidal con la guasa al aire. El profe Lucho Torrejón, que tenía una barbaza y una voz ronquísima como de sátiro de los montes griegos, abrió los ojos y gritó: "¡¡¡NO ES PORRRNO, ES ERÓTICO!!!".

Nunca me olvidé de esa frase ni de la cara de mi pata al escucharla. Torrejón tenía muchas frases memorables. Recuerdo que al entrar al salón nos saludaba diciendo: "Damiselas y cocodrilos". Y ahora, cada que yo tengo que escribirle un mail a mis alumnos, lo encabezo con aquel Damiselas y cocodrilos como un tardío tributo a ese gran maestro que nos ponía cine erótico y conciertos de Piazzolla en vez de hablarnos de la aburrida historia de los medios del Perú. Aquello fue una sabia decisión pues a estas alturas de la vida, he olvidado quién carajo fundó La Prensa, pero jamás olvidaré el sonido de aquel doloroso bandoneón de Astor tocando Adiós Nonino.

Cuando el tiempo se descongeló y yo volví al salón de esta tarde en el que yo soy el profe, mi cerebro trató de responderle a mi alumno con una frase sabia y desenfadada como la de mi profe Torrejón, pero en cambio lo que me salió fue un ¡¡¿CUÁL PORRRNO? SON SOLO UN PAR DE TETAS! ¿ES QUE NUNCA HAS VISTO UN PAR DE TETAS?!! xD Mientras iba diciendo la frase, veía cómo la cara de mi alumno se derretía y entonces acabé dándome cuenta de mi locura. A mí la frase me sonaba fresca y natural porque, vamos, a estas alturas de la vida, la gente con que suelo conversar ha visto, apretado, besado, mordido, lamido, succionado varios pares de tetas. Han sumergido la cara en ellas, las han inhalado, les han puesto sobrenombres, han dibujado sobre ellas con diferentes tintas, las han llenado de miel y de vino, las han hecho conversar entre ellas y seguro que algunos hasta les han compuesto poemas, reguetones o alejandrinos. Y aún cuando a mí todavía sigue maravillándome su delirante arquitectura y aquel aroma que es el equivalente al ultravioleta para la vista, una parte de mi cerebro sabe que son objetos posibles en el universo.

Sin embargo, cuando yo tenía la edad de mi alumno, no había vuelto a ver unas tetas desde que mi vieja me había destetado y nadie me aseguraba que podría ver otras antes de que un meteorito destruyera el planeta en el año 2000. Carajo, a los 17 yo era tan tímido que pensaba que iba a morir virgen. Y mientras le decía al chibolo ¿ES QUE NUNCA HAS VISTO UN PAR DE TETAS? comprendí que si un profe me hubiese dicho eso a los 17, yo me hubiese desmayado. Csm.

Al final mi pánico desapareció porque mi alumno se cagó de risa junto con todos sus patas. Tira de pajeros. Esta generación viene más superada. Cuando hace poco hicimos el ejercicio de "Dibuja 5 cosas que te llevarías a una isla" uno de ellos dibujó a una calata sobre la isla. Como me parecía conocida le pregunté ¿Quién es? -Sasha Grey- me dijo todo contento. Tamare, murmuré y me fui a mi escritorio aguantándome la risa y acordándome de mi primo que también es su fan.

A veces cuando pasan estas cosas y yo me acuerdo de mi profe Lucho Torrejón, me doy cuenta de que es posible que cuando estos pendejos se gradúen, también recuerden poco de lo que les enseñé, pero mucho de lo que les mostré. Y eso es algo perturbador porque las clases las puedo preparar, pero es más difícil controlar lo que me brota espontáneamente del hocico sin pasar por la aduana del cerebro.

En esos momentos, espero ser un poco como mi maestro Torrejón. No solo por aquella película española con la escena del pañuelo en el culo (carajo, alguien tenía que desahuevarnos y hacernos ver que no había nada malo en ver en el cine a dos personas cogiendo como es debido) ni por lo del tango de Piazzolla o las pelis de Kusturica o la voz de Yma Sumac, todos, artistas que conocía gracias a él. Sino porque parecía un ser humano lleno de pajas y contradicciones como nosotros y eso hizo que lo viéramos como alguien de quien realmente podíamos aprender.

Hace un tiempo vi que una amiga había posteado en su muro una imagen que decía "No les enseñes lo que sabes, enséñales lo que eres". Esa tarde llegué al salón, me olvidé de la clase que había preparado y les conté lo que yo había vivido al salir de la universidad: aburrirme de mi chamba, irme a mochilear por Latinoamérica, pasar hambre, descubrir la literatura y aferrarme a ella como un loco renunciando a todo lo demás. En algunos de ellos, vi brillo en sus ojos por primera vez desde que comenzara el ciclo. Espero que ese "¿ES QUE NUNCA HAS VISTO UN PAR DE TETAS? que se me escapó hoy, sea comprendido como todos los ¿QUE TODAVÍA NO HAN VISTO PULP FICTION? que suelo soltarles. O el ¿Ya han escuchado el Verano de Vivaldi?¿Han visto los cómics de Robert Crumb? ¿Han leído ya Cien años de soledad? ¿Han ido a pasear por el Jirón Quilca?

Y espero también que con el tiempo yo vaya convirtiéndome en ese tipo lleno de historias como mi profe Torrejón, al que le bastaba llegar al salón y hablar de cualquier pichulada, para que en todos nosotros estallase algo que nos hacía salir a buscar la vida y el conocimiento.

jueves, 2 de octubre de 2014



Me fui un mes de fb y descubrí horrorizado que hemos quemado los botes en los que llegamos a la isla cibernética. La sensación de estar desconectado me parecía fascinante solo porque sabía que era finita. Leía novelas enteras en una noche, escribía sin distracción y el último día dibujé al Grifo del narrador de cuentos en mi pared. Pero luego me quedaba como loco porque me sobraba mucho tiempo y mucha paja mental sin liberar. He comprendido que aún si metafóricamente lograse vivir en los árboles como Cósimo en El barón rampante, jamás podré cortar el vínculo con la humanidad. Cuando entré a la universidad en 1996 y me mandaron a leer a McLuhan, no me quedaba muy claro aquello de que los medios de comunicación eran las extensiones del hombre. Pensaba que McLuhan estaba en ácidos y que un día quemó y vio que sus brazos se extendían como los del hombre de goma y dijo: ptmre, voy a escribir un libro sobre esto. Ahora comprendo a lo que se refería. El silencio de setiembre fue hermoso, a ratos sentía que había vuelto a 1994 y que al prender la tele iba a estar Kurt Cobain tocando About a girl en mtv y que yo iba a apretar el botón de rec de mi vhs. Pero a ratos también sentía que me había vuelto mudo o sordo. Es probable que repita la experiencia cada cierto tiempo. Nuestra generación será la última en acceder al placer de estar inubicable y estar inubicable es buenísimo. Es como tenderse a descansar en tus propias colinas interiores. Naturalmente, eso es algo que pienso aprovechar. Y además, como dice Fito: vos ya sabés comprender, es solo un rato nomás

sábado, 13 de septiembre de 2014

¿Sabes cómo se ve una colilla de cigarro cayendo desde un onceavo piso? Una colilla lanzada hacia la vía expresa como un minúsculo meteorito. Las cosas más pequeñas pueden ser increíblemente bellas si guardas silencio. Una canción de dos minutos puede devastarte lo mismo que una patada en el estómago. Hoy vi una chica guapísima en la cola del supermercado. Estaba pálida como el lomo de un caballo blanco. De pronto se apoyó contra un anaquel y musitó ¿alguien puede ayudarme? medio segundo después se desvaneció como una blusa que resbala del colgador. Su madre la alcanzó justo antes de que tocara el piso. Alguien más le trajo una cocacola. La maldita alegría de vivir. Querían recargarla como una impresora que se ha quedado sin tinta. Yo miraba todo desde las cajas rápidas. Pagaba mi cerveza y comprendía que después de aquella visión una lata no me iba a bastar. Al salir conduje mi bici bajo la lluvia. Traté de olvidarme de la chica. Si me pongo a pensar en toda la gente que se desvanece en esta ciudad, podría lanzarme yo detrás de la colilla de mi cigarro. Al llegar a casa he escrito una frase de Cohen sobre la pared de mi cuarto. Mi perra dormía al pie del colchón. Mi perra es como la cola de tela que los niños atan a sus cometas. También tengo una lámpara que parece el pellejo de un animal atropellado devorado por el sol. No sé si me gustas más que el invierno, pero lo considero altamente probable. Tú y el invierno hacen que me den ganas de quedarme en la cama. De tener abrigos bonitos. De escribir canciones sobre mi pared. La única diferencia es que nunca dejaré que un invierno me mate. Y en cambio a ti te estoy mostrando el cuello desnudo. Hago cosas extrañas como buscar tabaco. Y dirás: pero tú no fumas. Y tendrás razón. Pero esta noche fumo para unirme a la vertiente de hombres que alguna vez necesitaron fumar un cigarrillo como otra gente necesita café en el desayuno. Así escribimos. Ya no importa si lo hacemos bien o mal. Lo hacemos para entrar al volcán en el que nadan los que un día no tuvieron otra cosa que las palabras. Los que no podían follarse a las mujeres que amaban más que con los poemas que escribían. Eres tan bonita como los colmillos inferiores de mi perra, hechos para destrozar la carne. Quiero escribir como quien se va quitando el polo, el bluejean. Necesito quitarte la correa sin tocarte, como un encantador de serpientes. Enroscar una frase en tu lóbulo izquierdo. Derramar cera caliente sobre la arena que rodea tu ombligo. Pero primero te hablo de colillas de cigarro, de una chica en el supermercado, para que sepas que puedo encontrar belleza en cualquier piedrita de la calle. Para que sepas que aún cuando te vayas seré capaz de cazar los pescaditos dorados de la madrugada. Paso saludándote desde mi balsa que visita tu ribera sin detenerse. Solo cuando siento tu nostalgia (no me atrevo a decir desesperación) aquel descubrir que nunca más conocerás un chico como yo, vuelvo a tu orilla. dejo que me conduzcas a tu cama. Oh, niña del Amazonas. Eres la calle de farolitos que el borracho reconoce camino a casa, la primera spondylus que un niño se acerca a la oreja, esas arañitas que saben caminar sobre el río. Eres tan parecida a la palabra lentamente. Y sin embargo, podrías derretir el Kilimanjaro entre tus piernas. ¿Qué soy yo sino el primer hombre del universo detenido ante una lluvia de estrellas? Pero también soy como el último hombre que vio hundirse la Atlántida y que no tiene cómo contarlo. No hay remedio. Me pongo a escribir frases en mi pared, miro a mi perra, lanzo cigarrillos desde mi ventana. Yo solía pensar que era una especie de gitano. Hasta que te dejé llevarme a casa.

domingo, 31 de agosto de 2014

¿de qué están hechos los poemas? -me preguntó la estatua- los poemas están hechos de uvas chancadas -le dije- ¿de qué más va a ser? ¿y el vino? el vino de palabras que terminan en o, presta atención, los libros de cebras, las cebras de televisores descompuestos, los televisores de piel de lagartos ¿y los lagartos? de insomnios, y los sueños de tropezones, los huecos de planetas deshabitados ¿y los agujeros negros? los agujeros negros son el big bang de otro universo. luego preguntó ¿por qué la gente le teme a los fantasmas? porque ellos saben la verdad. ¿qué es la verdad? todo lo que desconocemos. ¿qué hay dentro de mí? más piedra ¿qué es la piedra? una posibilidad.¿qué es una posibilidad? la razón por la que salimos de la cama. Se quedó pensando. Nunca he comprendido las camas -dijo. Es porque las estatuas no se cansan. ¿Qué es el cansancio? Lo que sentirás cuando caiga la lluvia. ¿Qué es la lluvia? Una mujer ¿Algún día dejaré de existir? Serás otra cosa, la savia de un helecho, o tal vez esa planta a la que llaman oreja de elefante ¿te gustaría? No sé, ¿a ti te gustaría ser otra persona? Extrañaría la gente con la que he conversado ¿Qué es conversar? Unirse con hilos. ¿A cuánta gente te has unido con hilos? A tanta que tendrían que descoserme todo para liberarme. ¿Y entre nosotros existe algo? Un puente colgante en llamas. ¿Cuánto aguantará? Toda la vida

sábado, 16 de agosto de 2014

un rifle de amapolas

el insomnio. una canica sumergida en un pote de témpera negra. cuando no puedes dormir recuerdas todo lo que alguna vez dijiste. y yo recuerdo que te conté esto: cuando vienes a verme te veo llegar desde mi ventana. como no tengo cama, me tiro al piso como un francotirador. te apunto con mis dedos como si sostuviera un rifle de amapolas. once pisos arriba todavía soy capaz de reconocer tu forma de atravesar los puentes. no, ella no es, ella jamás vendría tan apurada ni se pondría esos zapatos, no, su bicicleta no es de ese color, no, ella no mueve la cabeza así. pero es mentira que te reconozca por la anatomía del azar. podrías venir disfrazada de rinoceronte, de pez banana. yo te reconozco como el conejo de la nieve intuye a la lechuza entre las ramas secas. el infrarrojo de tu sangre me golpea la nariz. tu cuello tira una piedra al estanque de mi calma. ahora que ya no vienes, pienso: debí haberte disparado cuando aún te tenía en la mira. pero luego ¿qué sentido tiene acabar con algo tan bello solo porque no podemos detenerlo? sería como darle de balazos a un río. hay cosas infinitas. tener veinte, por ejemplo. casi todos nuestros cajones están vacíos ¿cuántos chicos más cabrán en tu vida? ¿cuántos te escribirán cuentos por las mañanas? pero ya sé que eso no sirve de nada. cuando yo tenía veinte una chica me escribió 44 poemas y no consiguió ni un beso. los poemas estaban numerados. ella me los mandaba y yo los guardaba en una carpeta con su nombre. no era poeta pero estaba enamorada del fantasma que yo había inventado. usaba el notepad como si estuviera escribiendo la lista del mercado. nunca había visto una archivo de notepad que pesara 24 kb. me decía: ven a vivir a buenos aires, yo traeré la comida, tú solo escribirás tus cuentos y me harás el amor. pero no viajé. porque soy cruel o porque a lo mejor tampoco se puede comprar deseo con poemas. puedo comprender entonces que no te quedes. si has de enamorarte, será por mis ojos, por el sabor de mi adn. no por estas horas en que escribo. si estoy sentado aquí es porque el teclado es mi cementerio de elefantes. te vi atravesar el puente. venías tan bonita que pensé, a lo mejor yo también agito el estanque de su calma, ¿por qué sino se pondría tan guapa para venir a esta cueva? pero conocerás otros chicos. y cuando los dejes, ellos se emborracharán, otros te llamarán de formas que jamás creíste posibles, la mayoría guardará alguna foto tuya. pero ninguno se sentará por las mañanas a convertir tu espacio vacío en un jardín botánico. nadie amasará el fuego para recrear tu espalda. ni beberán agua fría del caño para acordarse de tu voz. y la consecuencia inevitable de eso es que terminarán por olvidarte. es probable que yo también te olvide, de alguna manera. pero cuando eso suceda, esta hoja todavía existirá y hablará, como una isla que guarda nuestras risas. y otros náufragos sabrán de nosotros y su soledad estará acompañada. y cuando sean rescatados, contarán este cuento a sus amigos. porque verás, muñeca de nieve, yo no escribo para que me recuerden. escribo para que sepan que tú existías.

miércoles, 30 de julio de 2014