viernes, 12 de diciembre de 2014

Tragicómico viaje a la laguna de la Huacachina con mi futuro editor, también conocido como La vetusta Morla. El amigo que me invitó a leer poesía nunca apareció. Como él era el único que sabía que yo iba a leer (y yo no me tengo tanta fe poética como para decir esta boca es mía) no leí ni mierda. Mis textos se quedaron dentro de mi morral junto con mis calzoncillos y mi cepillo de dientes. En otro momento no me hubiese importado, pero como justo ando leyendo Mujeres de Bukowski, un libro que Charles escribió cuando ya era famoso y en el que cuenta de todas las muchachitas que se lanzaban a su cama después de los recitales, pues, yo andaba optimista con la idea. Al final solo compartí una habitación de hotel con mi editor, que es lo que le toca al 99% de escritores. Pero compramos un pisco. Nos lo pasábamos de una cama a la otra. Apagamos las luces. Mirábamos un programa de cocina en el que Anthony Bourdain puteaba a otro chef. Comía y decía: esto es una basofia. Luego le daban otra cosa: Basura, basura. Otro plato nuevo: Lo peor que he probado en la vida. El otro chef quería llorar. Al principio pensé: pobre muchacho. Pero luego me daba más pena por Bourdain. En lo triste que debe ser haber desarrollado tanto el paladar y que todo te parezca una mierda. Luego me quedé dormido. En el bus de regreso vimos el atardecer. Treinta minutos antes de llegar a Lima la terramoza puso un cd con videos de Enrique Iglesias. En uno salía Mickey Rourke pateándole la barriga. Esa fue la única parte buena. La peor parte fue cuando reconocí una de las canciones y me di cuenta que era una terrible versión en español de la bellísima canción que los Flying Pickets tocan al final de Fallen Angels. Only you. Si en el 2013 hubieses entrado a mi corazón como quien entra a la casa del terror, hubieses escuchado esa canción de fondo. La última vez que fui a la laguna la Huacachina, hace 8 años, perdí mis lentes amarillos en medio de una borrachera en las dunas. Cuando desperté volví a las dunas y me puse a buscar mis lentes amarillos. Yo les llamaba los lentes de la felicidad así que no quería perderlos. Temía que el simbolismo se materializara. El sol pegaba en la arena y me rebotaba en la cara como bofetadas de lata. Al cabo de una hora desistí. Di por perdidos los lentes. Esa misma tarde volvimos a Lima en la camioneta de Fer. Por la mañana habíamos estado en la piscina del hotel jugando a aguantar la respiración. Yo quería aguantar más. No porque me importara ganar sino porque me parecía lógico que de los 7, fuese yo, el único que había ido sin novia, el más dispuesto a vivir bajo el agua. Pero el asma no me dejó. Pensé: a lo mejor la próxima vez que venga encuentro mis lentes. Pero no los he encontrado esta vez.

viernes, 21 de noviembre de 2014

la última clase

El ciclo va llegando a su fin. Me quedo mirando a mis alumnos y me pregunto si realmente les he enseñado algo. Detengo la clase. En un arranque (no sé bien si de sinceridad o de narcisismo) les digo que saquen un papelito y escriban una pregunta que les gustaría hacerme. Una pregunta sobre el acto de escribir o de publicar un libro. Algo que no haya podido enseñarles en el ciclo. Algo que no esté en el syllabus ¿Cualquier cosa, profe? Cualquier cosa. Se ponen a escribir. ¿Listos? Listos. Lo primero que preguntan: Profe ¿consume drogas cuando escribe? Ya la veía venir. Todos me quedan mirando con sonrisas ansiosas, como si yo fuera Johnny Depp en "Miedo y Asco en Las Vegas" y estuviera a punto de abrir una maleta y ponerme a repartir metanfetaminas y éter. Me cuesta romperles el corazón, pero lo hago. Bueno, chicos, las consumo pero nunca cuando escribo. La hierba da sueño. Un par de chelas, una botella de vino, eso sí, lo suficiente para invocar esa maravillosa habilidad de confundir una cama con un rinoceronte, pero no tanto como para dejar que tu propio sueño te atraviese el cerebro con su cuerno. Segunda pregunta: ¿Qué es la literatura? Ala no, muy difícil. Profe, tiene que responder, exigen. Me quedo mudo, pienso un poco. Es lo que se inventa la gente que no aprendió a vivir en el mundo real. Tercera pregunta. ¿Cuánto gana escribiendo? JAJAJA Que buen chiste, csm, siguiente pregunta. Ya pe’ profe, en serio. Mira, lo poco que gané me lo gasté invitándoles chelas a los amigos que compraron mi libro. Profe, ¿cuánto le toma escribir un cuento? A veces una noche, a veces un mes, hay cuentos que empecé cuando tenía 20 y los terminé cuando tenía 30. ¿Qué es lo que más le gusta de escribir? Escribir. Ese momento en que acabo un cuento y siento que he creado una mano capaz de apretar un corazón. Última pregunta. Profe, ¿necesita estar inspirado para escribir? Lo necesitaba cuando tenía 17. Escribía cada vez que una chica me choteaba. Escribía para escapar de la friendzone. Pero a ese ritmo escribía dos veces al año. Entonces comprendí que no podía depender de eso. Tampoco se trata de escribir sin inspiración, pero mira, si te sientas todos los días a escribir, al cabo de un tiempo eres como uno de los perros de Pavlov y no puedes ver un teclado sin empezar a salivar. Todo lo que te pasa lo imaginas en palabras. Ahora puedo escribir sobre cualquier huevada y convertirla en algo maravilloso. ¿Cómo sobre qué, profe? Sobre ustedes por ejemplo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

un ogro, un duende

La clase acaba temprano pero un grupo de chicas se queda en el salón. Hacen una rueda sentadas sobre sus carpetas y una de ellas entrevista a las demás. Las graba con su celular, imagino que para el trabajo de otro curso. Yo estoy en mi escritorio, tratando de pasar desapercibido. Estas son las preguntas de la entrevista: ¿Cuántos novios has tenido? ¿Has sido infiel? ¿Has tenido relaciones bajo los efectos del alcohol? ¿Consumes sustancias alucinógenas? ¿Has besado a una chica? ¿Has dudado de tu sexualidad? ¿Quieres casarte? ¿Aceptarías hacer un trío? Las chicas han respondido que sí a casi todo. Efusivamente, además. Luego se van del salón, abrazadas y muertas de risa. Yo me quedo leyendo los cuentos que han presentado hoy. La mayoría de las historias tratan de ogros, de duendes y de seres malignos que dificilmente logran asustarme. Pienso "si supieran que escuchando sus respuestas a la entrevista se me ha puesto la carne de gallina, hubieran escrito sobre sus propias vidas". Un ogro, un duende, no son nada comparados con una mujer con las hormonas revueltas.

sábado, 15 de noviembre de 2014

temblores

El temblor de ayer me agarró dictando clases en el 8vo piso. El tema era "El diálogo en la narración" así que les estaba proyectando escenas de Pulp Fiction, que es probablemente la película con los mejores diálogos en la historia del cine. Es más, si alguna vez me preguntan: Pierre ¿por qué eras profe?, una de las posibles respuestas será: "para ver las caras de mis alumnos cuando por primera vez en sus vidas ven al negro Samuel Jackson decir Ezequiel 25,17. O para ver cómo se enamoran de Mia Wallace cuando cuenta su chiste de la familia tomate, o para sentir sus respiraciones contenidas justo antes de que Vincent le clave la inyección de adrenalina en el pecho".

Cuando empezó el temblor íbamos recién en Royaaale with cheeeese, pero como estábamos en el 8vo piso todos salieron corriendo como ratas de alcantarilla. Nos evacuaron del edificio. Al volver, quise darle play a la peli pero estaban mirando su facebook, mandando mensajitos. Les digo: ¡apaguen esas huevadas! Me dicen: profe, es que tengo que avisarle a mi vieja que he sobrevivido. Así que les doy unos minutos. Cuando por fin todos apagan su cel, llega un mensajito al mío. Es mi vieja. Se cagan de risa. Les digo: ¡Yo también tengo mamá! ¿qué pensaban, que me habían hecho de fango como a los orcos del señor de los anillos?

La llamada de mi vieja no ha entrado así que tengo un mensaje de voz. Parece que mi vieja (que está en Sullana en el cumple de mi abuela) no se ha dado cuenta de que se ha activado la casilla de voz así que la escucho matarse de risa con mis tíos. Les dice "ese chico es muy nervioso, ¿qué habrá hecho en el salón?". Y luego la voz de mis tíos: seguro que ha dejado a sus alumnos encerrados y se ha tirado por las escaleras jaaaaa y mi abuelita: ay pobre muchacho! Tengo que salir del salón para reírme con ganas. Pero el mensajito además me deja pensando en por qué mi vieja creerá que los temblores me asustan tanto. Entonces recuerdo estas 2 escenas de mi niñez.

Tenía 13 años cuando llegamos a Lima. Una noche de ese año (1993) me fui a jatear donde mi tío Héctor que vivía en la azotea de uno de los edificios más viejos de Lince. Y justo ESA madrugada, hubo un temblor de la granputasumare. Como el cuarto de mi tío era una pocilga chiquita y tenía muchas repisas y huevadas inservibles, todo empezó a caer sobre la cama y era como el diluvio universal. Pero eso no fue lo peor. Lo más jodido es que mi tío era vecino de 2 viejas locas que estaban aterrorizadas y se pasaron el resto de la madrugada gritando en la azotea: ¡CRISTO MÍO, SACA A SATANÁS DE ESTE EDIFICIO! Los vecinos las mandaban a callar pero ellas siguieron por varias horas cantando la canción del Señor de los Milagros y otros conjuros que me pusieron los pelos de punta. Al día siguiente llegué a mi jato totalmente traumatizado, no tanto por el temblor sino por la imagen de esas viejas que creían estar luchando contra una cabra gigante.

El otro recuerdo es todavía más antiguo. Tal vez tenía yo 10 años. Habíamos ido con mis tíos y mis primos a pasar el fin de semana en una casa de playa de Punta Sal. Estábamos almorzando cuando todo empezó a temblar. Si hay algo peor que un temblor, es un temblor cerca al mar. Corrimos fuera de la casa. Cuando el temblor acabó nos miramos las caras para ver si estábamos completos y entonces el tío Lucho se dio cuenta de que yo me había traído mi plato de comida conmigo. Me señaló y dijo: "ESE PIERRE, SE HA TRAÍDO SU COMIDA! NI COJUDO!" Todos mis tíos y mis primos voltearon a verme. Yo era un niño gordito y aterrorizado pero que todavía sostenía un plato de comida entre las manos. Estalló la carcajada. Mi tío Lucho tenía una risa capaz de partir un cerro en dos y era tan contagiosa como la varicela. Los pendejos no dejaron de joderme en todo el viaje. Eso fue hace como 25 años pero como yo no vivo con mi mamá hace 17 seguro que ella sigue alucinándome en alguna pendejada cada vez que hay un temblor.

Ayer, sin embargo, estuve tranquilo. Cuando empezó el temblor, me puse a recoger todos los muñecos de acción que había llevado para que mis alumnos hicieran diálogos y luego me quedé en la puerta del salón, esperando tranquilamente a que pasara el temblor. Ahora me doy cuenta de que varios de mis terrores adolescentes se han curado. Ya tampoco les tengo miedo a las inyecciones, ni a la oscuridad, ni a las calles vacías, ni a los locos, ni a mi sótano de madrugada, ni a los líquidos inflamables. Todavía le tengo un poco de miedo a los ciegos pero supongo que eso es porque no conozco a ninguno. Y siento también que el gran miedo a la muerte va desapareciendo. Envejecer debe ser eso. Algo como ir trabando amistad con ella. Empiezas por mirarla de reojo, le conversas, le escribes un cuento. Entiendes su punto de vista. Y cuando ya eres capaz de mirarla a los ojos y sonreirle, es porque has comprendido que ella no tiene ninguna prisa, que te dejará escribir todos los cuentos que te faltan y que el día que venga a llevarte de paseo, estarás tan preparado como un chico que mete latas de atún a su mochila, antes de irse de campamento con sus patas.

martes, 11 de noviembre de 2014

chamarras

Que poco nos fijamos en lo que se ponen las chicas. karen me dice: me he manchado con palta, llévame una casaca de cuero para taparme. yo recuerdo a karen en casaca de cuero, así que pienso que será fácil abrir su clóset y sacar su casaca y llevársela. pero cuando abro las puertas de su clóset, me encuentro con un culo de casacas de cuero. le digo: webona, tienes 8 casacas de cuero. que te computas. el fonzi? broder, hay una de cuero azul, una marrón con cuello de felpa, otra que es mitad de cuero mitad de lona, otra con incrustaciones de metal y así seguimos. Causa, yo tuve 1 sola casaca de cuero en mi vida y ya me sentía la cagada. tenía 16 años y poseía una casaca de cuero. ¿cuántos de mis patas tenían casaca de cuero? ni uno! eran unos pordioseros de mierda. tener casaca de cuero era como tener un lamborghini. pero karen tiene 8. así que le digo: oe carajo, qué te pasa? quién chucha tiene 8 casacas de cuero? me dice: pierre de mierda, agarra cualquiera y llévamela. más tarde nos encontramos y se la doy. veo cuando se la pone, tan linda. luce sus famosas fachas de príncipe y mendigo. la reconozco. esa es karen, carajo, pienso. y tambén pienso: que jodido es parecerse a uno mismo

martes, 4 de noviembre de 2014

el hombre que solo comía zanahorias

Mis 2 mujeres se han ido de casa. Karen a la selva y Pika a un albergue donde la están entrenando. Un albergue que según Karen es como la colina de los teletubis llena de perritos pero que yo imagino mas bien como el manicomio de Alguien voló sobre el nido del cuco en versión canina. En su primera mañana de ausencia han venido 2 chicos a entrevistarme. Dos ex alumnos. Los recibí con vasos llenos de jugo de fresa porque esta mañana fui al mercadito y vi que todavía estaban en temporada, o sea que cuestan 4 o 5 soles el kilo, dependiendo de qué tan machucadas estén. Después de la entrevista les pregunté si querían tomar otra cosa y nos tomamos medio jonca de chelas. Mientras bebíamos hablábamos de este cuento de Bukowski sobre el caníbal y la ninfómana. Y también de aquel cuento de S.King sobre un chico que pasea por la ciudad con flores y que al final mata a una chica a martillazos. Antes de irse uno de ellos me dice: No pareces profe. Le digo: ¿qué parezco, alumno?. No, tampoco. ¿Barrendero? No. ¿Qué entonces? Un ebrio. Nos damos la mano en la puerta del edificio y yo me voy en la bici. Paso la tarde durmiendo. Por la noche voy a Inestable y me compro la Poesía Completa de Leopoldo María Panero. Al llegar a casa abro el libro al azar y encuentro un poema que se llama El hombre que solo comía zanahorias. Lo leo y entonces pienso. Este soy yo. Este es mi poema. Y cierro el libro. Y miro mi sala vacía de ladridos y de risas. Y no sé si estar triste. O contento.


lunes, 3 de noviembre de 2014

el hígado encebollado de mi vieja

A estas horas y después de un largo día de trabajo me acabo de cocinar un suculento hígado encebollado como los que hacía mi vieja para el desayuno allá en Talara. No lo preparaba todos los días, ni que fuéramos gallinazos. Pero una vez por semana para emocionar el buche. En provincias el amor se demuestra con alimento. Por eso fui un niño redondo. Me querían mucho. A mi hermana también le gustaba el hígado encebollado excepto por el hígado. Que rico, decía la pendeja y se llenaba el pan de cebollas, tomates y ajíes. Mis papás se separaron cuando yo era niño así que casi no tengo recuerdos de estar todos juntos, salvo por esas mañanas talareñas desayunando hígado encebollado. Cuando quedaba un último pedazo en la fuente, mi viejo agarraba un pedazo de pan francés, le metía el hígado dentro con un poco de cebollitas y me lo daba. Todos nos reíamos y ahí llegaba la movilidad y salíamos disparados al colegio. En algún momento mi vieja me enseñó a picar cebollas y tomates. Me enseñó cómo se le pone la sal a la carne. Han pasado más de 20 años. El hígado encebollado me sigue sabiendo a calor de hogar.

viernes, 24 de octubre de 2014

los que dicen que Lima es horrible seguro que no tienen bicicleta. o nunca la recorrieron borrachos o al lado de una chica divertida. si hiciste las tres cosas, estoy seguro de que estás enamorado de esta maldita ciudad

jueves, 23 de octubre de 2014

miércoles, 22 de octubre de 2014

los tomacorrientes con deseo

Entrar a la boca del dinosaurio. Habitar una bombilla eléctrica. Abrir los brazos como el hombre de vitruvio. Usar de almohada el aliento de una botella. Incendiar un inofensivo día miércoles. No temerle a la hoja en blanco. Pedirle ayuda a tu radiocasetera. Pensar en tu mochila de colegio extraviada en el techo del colegio. ¿Cómo he llegado tan lejos sin haberme perdido el rastro? ¿Por qué sigo pareciéndome tanto a mí mismo? Después de Mr. Meursault, de Dean Moriarty, de John Singer uno pensaría que te cambia el alma. Pero sigo siendo el pellejo carcomido por el fuego adolescente. Es como tener un viejo Dogde con el motor de un Lamborghini. Ver a lo lejos los postes de luz de Villa María del Triunfo. Pensar: mi pata Jon debe andar por ahí, extraviado como yo, besando las veredas, bailando un vals con el tronco de una acacia amarilla. Pensar: mañana tengo el día libre. Acordarme de esa vez que me tiré la pera del colegio con unos patas. La playa de piedras de Miraflores. Nos sentíamos como presidiarios recién fugados. Casi velociraptores. Teníamos 13 años y 44 dientes cada uno. Veíamos a las chicas en bikini y nos parecían cometas intergalácticos. El mar es una especie de recordatorio. Por eso vale la pena ir a mirarlo de vez en cuando. Abrir las cortinas. Cerrar las cortinas. Cerrar los ojos. Desabotonarte el miedo. Yo no estoy enamorado, te dije, más tratando de convencerme a mí mismo que a ti. Abrazar mi guitarra como si fuera un caimán negro. Negarme a comer. Bailar un adagio de Albinoni. Lamer las paredes. Viajar en el techo de los buses. Imaginarte con mi camisa a cuadros. Gritar versos en desorden. Pensar en todos los libros que no debí leer. En las clases de baile que debí tomar. Hacer llenado de techo. Poner cortadoras en nuestros cumpleaños. Las flores a la fotosíntesis, las serpientes a destilar veneno. Equivocar la puerta del baño. Mirar los tomacorrientes con deseo. Echarte perfume para ir a la bodega. Mirar tu nevera como si fuera un portal. Confundir el urinario con el oráculo de delfos. Recordar a tu vecina jugando con su hula hula. Confundir el recuerdo con los anillos de Saturno. Morir en un colchón demasiado grande. Despertar temprano. Vestir tu saco azul como un príncipe. Llamar Rocinante a tu bicicleta. Sentir el aire de la mañana en Benavides. Sonreír como una nube que suelta relámpagos. Saber que todo está bien. Cruzarme contigo. Ver como se desbarata el universo.

lunes, 20 de octubre de 2014

canciones y cuentos

Estaba acordándome de este cuento de Flannery O'connor que se llama "A good man is hard to find" sobre este asesino que se cruza con una familia que va de viaje por la carretera y me di cuenta de que cuando lo leí, (hace como diez años en una clase con Rosella di Paolo), no había oído a Bessie Smith cantar la canción de donde Flannery tomó el nombre para el cuento. También hace poco releí este genial cuento de Bukowski llamado "Animales hasta en la sopa" y me pregunté por qué carajo Charles le había dado un nombre tan bobo y juguetón a un cuento que era mucho más que un chiste. Pero luego, buscando el nombre del cuento en inglés, descubrí que "Animals crackers in my soup" también es una canción de Shirley Temple. En el vídeo sale Shirley, esta niña cachetona de bucles rubios, cantando la canción mientras se pasea en overall por lo que parece el comedor de un orfanato de niñas. Me da risa pensar en Charles terminando su cuento y acordándose de Shirley Temple o tal vez Charles escuchando a Shirley Temple y pensando "voy a escribir algo con ese título pero que no sea tan huevonazo como esta canción". Luego he tratado de acordarme de más cuentos que lleven nombres de canciones y he recordado Straight to hell de mi pata Gonza y al ir a revisar el libro he descubierto 3 más: Queen Jane approximately,Cha cha cha y Cat food, que da título al libro y que es una canción de King Crimson. También recordé "El amor es un arma caliente" de Víctor (aunque este último es en realidad el título del libro y no de uno de los cuentos). Y por supuesto está Héroes de Loriga (toda la novela en realidad es un tributo a Bowie y a los rockstars que han guiado nuestra juventud). El primer cuento que yo escribí con nombre de canción se llamaba Summertime y recuerdo que la madrugada en que lo escribí, escuché esa canción de Janis por lo menos unas cuarenta veces. También alguna vez escribí un texto llamado Blue velvet después de ver la película en la que Isabella Rosellini canta la canción, y otro llamado Love is strong como la canción de los stones. ¿Ustedes conocen otros cuentos con nombres de canciones?

sábado, 18 de octubre de 2014

la grande bellezza

Acabo de ver La grande bellezza y me he quedado con la sensación de que debo salir a la calle. De que la vida está en otra parte y no aquí en este cuarto, por más bien que se esté sobre el colchón iluminado por el reflejo del proyector en mi pared. Es peligroso ver películas los sábados por la noche. Sobre todo si uno está solo. Porque algunas son como un pequeño Aleph que te asoma al mundo. Te recuerdan que afuera hay calles de farolitos, fiestas, pájaros hermosos, barrenderos, gente borracha que dice cosas maravillosas, chicas, besos, música. Ya me había pasado antes. Con El graduado, por ejemplo. Pensaba verla antes de dormir, pero después de aquel final con la escena de la boda y la fuga tuve que ponerme el jean e irme a pasear a Barranco, esperando, como diría Ribeyro, "la irrupción de lo maravilloso". Sin embargo, esta semana ya he tenido suficiente irrupción de lo maravilloso. Tanto que ayer he estado a punto de desvanecerme y J ha tenido que traerme agua y un pedazo de su propia torta de cumpleaños. Sí, la vida está en otra parte. Pero ya la saldré a buscar mañana cuando vaya con Pika a pasear a la ciclovía. Por ahora será mejor que me meta a la cama de nuevo y le dé play a otra película, esperando escoger alguna boba comedia de Hollywood y no otra que me recuerde que la noche es un laberinto mágico y que los minutos de nuestra vida son como pájaros migratorios que se posan brevemente a descansar en nuestras cornisas pero que abren las alas para seguir con su viaje apenas ven que nos aproximamos.

jueves, 16 de octubre de 2014

Ribeyro



Es como una especie de amor platónico esto que siento, pensé la primera vez que estuve parado frente a la máquina de escribir de Ribeyro. Era una Olympia de color gris. Tenía las teclas en diferentes intensidades de crema (imagino según la frecuencia con la que Julio usó tal o cuál letra, aunque tal vez ya estoy alucinando). Tenía también dos teclas laterales de color verde-hospital cuya función desconozco, la barra espaciadora estaba ligeramente cuarteada y, en general, al ver la máquina, sentías que le habían dado tantas veces con los dedos que, aun estando quieta, escuchabas su sonido, como el de un jardín lleno de grillos insomnes.

La tienen en la Casa de la Literatura Peruana por si quieren ir a verla. Yo había ido a la exposición para ver las viejas fotos de Julio, las primeras ediciones de sus libros, pero no sospechaba la presencia de su máquina, así que cuando llegué hasta la vitrina que la contenía, me empecé a sentir como un vaso en el que han vertido la cerveza tan rápido, que la espuma sube violentamente amenazando con derramarse. Me alejaba de la vitrina, caminaba y volvía a verla. Mi cerebro decía: No NO NO! Era la máquina en la que había escrito las Prosas apátridas, Tristes querellas en la vieja quinta, tal vez Solo para fumadores y eso me sobrepasaba. Era raro. El mismo Julio habla de las reliquias como "cosas deshabitadas". Decía que por eso él nunca iba a visitar la casa del artista. El sillón de Voltaire, el pincel de Leonardo eran para él "objetos por donde el espíritu del artista solo estuvo de paso para instalarse en la obra". Entonces ¿por qué me ponía así al estar parado frente a su Olympia?

Días antes había pedaleado mi bici como un salvaje desde la UPC de Monterrico hasta la Plaza San Martín solo porque estaban a punto de acabarse unas jodidas tazas con una ilustración de Ribeyro fumando en París. ¡Una taza! Y luego estaban las fotos de la expo. Uno está acostumbrado a ver fotos de un Ribeyro cuarentón, cincuentón, flaco, pelado, probablemente enfermo y cagado. Pero el de estas fotos no era Ribeyro. Era Julio, joven, intenso, con copete y fachas de matador. Daba ganas de escucharle la voz, de llevárselo de vinos, de no presentarle a la flaca que te gusta. Putamadre, que cabro que soy, pensaba mientras lo miraba obnubilado. Pero luego me acordaba de esa escena de Martin H en la que Poncela dice que a él lo seducen las mentes y que hay que follarse a las mentes y aquello me aliviaba. Debe ser eso, pensé, me seduce su mente y por eso parezco una quinceañera a la que se le ha roto el elástico del calzón.

Ahora, es decir, anteayer por la noche, le he comprado a mi pata Cardo –que es una especie de saqueador de tumbas literario– los tres tomos del diario de Ribeyro que a él tanto le había costado conseguir (2 años recorriendo Quilca y Amazonas. Le dice su amiga para consolarlo: 2 años se pasan volando xD ¡Fuerza Cardo! sé que los conseguirás de nuevo). Yo ya había leído La tentación del fracaso hace como 4 años en la nueva edición que sacó Seix Barral y que K me prestó. Se preguntarán ustedes ¿entonces para qué chucha te los has comprado si ya los leíste? Y no les faltará razón. ¿Por qué este fetichismo, esas ganas de tener los libros al pie de la cama? Lo explico:

Ribeyro es un gran cuentista, sin embargo, hay muchos grandes cuentistas ¿verdad? Carver, Cortázar, McCullers, Chéjov, García Márquez, Bukowski, Poe, Hemigway, Maupassant, Bradbury, en fin. Creo que lo que me maravilla de él no son tanto sus cuentos, o sí, (diablos, de solo pensar en Al pie del acantilado se me pone la piel de gallina) pero sobretodo la idea de todo sus cuentos como obra completa: La palabra del mudo, y lo que escribió en la carretera auxiliar de la literatura: las Prosas apátridas y este diario. Ese TODO me recuerda que Ribeyro escribía siempre, incluso cuando no estaba haciéndolo. Y no como un oficio, un juego, un trabajo, un escape, un pasatiempo o una pasión, porque hasta de las pasiones -tarde o temprano- uno acaba por curarse, sino como la ÚNICA forma que tenía de procesar el hecho de estar vivo. Recuerdo haber leído que cuando escribió Crónica de San Gabriel, estaba tan concentrado en la historia que al evocar esas épocas, recordaba más los escenarios de la novela y los personajes que la propia casa en la que la escribió.

Ribeyro es la imagen de la vida que yo escogí, llevada hasta el extremo. Y es por eso que me basta ver sus libros cerca para recordar que yo también debo internarme en las palabras e incendiar el puente. Esta ciudad que ustedes habitan, no me pertenece. Aquí crecí y tuve amigos. Pero yo debo parecerme cada vez más a un forastero al que solo se le permite colarse por las noches como un bicho carroñero para recoger el rastro de las historias. Dado que el destierro no es impuesto sino voluntario, mi cobardía -o tal vez solo mi pereza- todavía me tiene detenido en la frontera que separa Lima de la ciudad inventada. Me cuesta alejarme de estas calles, de los amigos. Pero poco a poco he ido comprendiendo que la ciudad que replicamos al escribir, como un espejo trucado que corrige y expande detalles a su antojo, es un mejor lugar desde donde mirar la vida. Soy el obrero de una ciudad que necesito habitar y que otros habitarán cuando me lean.

Mientras termino este texto, mi gran amigo y escritor Jorge me ha preguntado qué hago. Escribiendo, le he dicho. No te molesto más, me responde y se va. Me ha conmovido su respuesta. Es como si ya comprendiéramos lo que nos toca. Somos dos albañiles que se lanzan los ladrillos en silencio. Sabemos que hay gente esperando caminar por las calles que nosotros empedraremos, enamorarse de las chicas que recordaremos, reírse de las cosas que los locos de nuestro pueblo inventarán. Y para mí, saber que Ribeyro es uno de los arquitectos que levantó parte de la gran ciudad, hace que acepte esta labor de obrero con energía.

Sé que mi tarea es todavía humilde. Veo a Huxley inventando el futuro. A Verne cavando el centro de la tierra. A García Márquez colocando galeones en el medio de la selva, a Bukowski inaugurando bares y regando putas, a Kerouac extendiendo carreteras interestatales. Y pienso en cuán infinito es el mundo de las palabras. Y cuán pequeño soy yo. Pero aún así, intuyo que mi tarea es importante. Y que este breve pedazo de tierra que hoy estoy removiendo con mis dedos, será el soleado jardín en el que alguien se echará a descansar mañana.

martes, 7 de octubre de 2014

Poe

Hace unas semanas, mi primo Eduardo me contó que había conseguido “La narración de Arthur Gordon Pym” de Edgar Allan Poe en la edición de tapa dura de la colección Mis libros. Como yo estoy juntando esa colección (además de la insania de los Populibros que aún me tiene loco pues me faltan 2 de los 63), me volví chango porque ese volumen no lo tenía. Mi primo, que tiene 17 años y estudia Mecatrónica en la cato pero lee más literatura que varios de mis muchachos de Comunicaciones ¬¬, me explicó que esa era la única novela que había escrito Poe y que, además de la habitual matanza, incluía canibalismo. Después me dijo ¿EN SERIO, NO LA HAS LEÍDO? con el mismo tono que usaría alguien para preguntar ¿TODAVÍA TE MEAS LA CAMA? Bajé la cabeza, avergonzado. Unas semanas después, recorriendo Amazonas, conseguí el libro en esa misma edición y esa madrugada lo leí todo. Poe me subió al barco, me hizo naufragar y luego me tuvo flotando sobre los pocos maderos que aún se mantenían a flote, rodeado de tiburones y decidiendo con palitos quién sería el primero en morir canibalizado. Esa es mi idea de un buen libro. Es decir, ahora puedo disfrutar libros en los que los personajes no se comen a sus amigos, pero el niño que habita mi cerebro y que comenzó leyendo Viaje al centro de la tierra y Los viajes de Gulliver, siempre extraña este tipo de aventuras extraordinarias. Yo estaba medio palteado antes de empezar el libro porque ya me ha pasado leer a cuentistas geniales cuyas novelas me han decepcionado, pero Poe no fue el caso.

Estoy escribiendo esto porque en el muro de Karen vi que Edgar murió un día como hoy hace 165 años, cuatro días después de que lo encontrasen en las calles de Baltimore, delirando, borracho, casi muerto, y sin recordar cómo diablos había terminado así ni de quién eran las ropas que traía puestas. Tal vez en el caso de otros escritores convenga más recordarlos en el aniversario de su nacimiento, pero tratándose de Poe para quien la muerte más que un tema fue una especie de aura, nos viene bien este día. Sin embargo, como no disfruto tanto de hacer análisis ni crítica literaria, lo que estoy haciendo es contar algunas de las intersecciones de su obra con mi vida.

Otra noche, esperando a un amigo afuera del concierto de Metallica al que yo no había podido ir porque estaba misiazo, estuve sentado en una mugrosa esquina de Petit Thouars con unos papeles en los que había impreso El gato negro. Al día siguiente tenía que dar una clase sobre ese cuento así que quería analizarlo y ver qué podía decir. El concierto se había extendido más de lo previsto así que pasaban ya de las once de la noche y no había ni rastro de mi pata. Mientras leía el cuento, sentía cómo los últimos limeños subían a los buses y me dejaban solo en las calles desiertas de Lince. Cada vez que una cuadra se quedaba vacía, yo (más chivato) me paraba de la vereda y me iba a otra donde todavía hubiese por lo menos un barrendero o un perro callejero y seguía leyendo. La atmósfera que manaba del cuento era tan fuerte que transformaba la ciudad. Era como si en plena Petit Thouars yo me hubiese puesto a desenterrar tumbas y todos los gatos de Lima estuvieran mirándome. Pero además, la arquitectura del cuento era tan bella, que la euforia del descubrimiento y el miedo se mezclaban en mi cerebro como en un caldero, y me hacían sentir como imagino se debe haber sentido el primer sujeto que desenterró una momia o el esqueleto de un dinosaurio. Esa noche, Poe hizo que olvidara que me había perdido el concierto de Metálica y comprendí que aquella mugrosa esquina de Petit Thouars era mi único lugar posible aquella medianoche de marzo.

También podría contar que hace como 6 años, cuando fui a mi viejo colegio de Talara para la primera comunión de mi hermanito, terminé entrando a la biblioteca del cole y me llevé de recuerdo una antología de Poe (mi excusa es que habían como 20 copias) encaletada en el bolsillo del terno. Yo siempre fui un niño bueno en la primaria y nunca hacía pendejadas así que digamos que ese acto vandálico era algo que me debía a mí mismo con 20 años de retraso. Mis hermanitos me miraron con cara de espanto cuando vieron que me llevaba el libro, pero les prometí que cuando publicara el mío, mandaría una copia a mi colegio para subsanar el hueco, cosa que hice, aunque dudo que mis cuentos puedan cubrir el vacío dejado por Poe.

Finalmente, lo último que contaré es que lo primero que leí de Poe fue su poema “El cuervo”. Mi amigo Marco, que gustaba de hacer ruidos de animales, me hablaba siempre de ese poema y a veces chillaba como cuervo y decía ¡NUNCA MÁS! (Ahora cuando escucho a Jeanette cantar aquella parte de Corazón de poeta donde dice que su novio tiene “la voz de un pájaro” inmediatamente en mi cabeza suena el chillido del cuervo gritando ¡NERVEMORE!). Pero en todo caso, esta mañana abrí de nuevo el poema y lo leí y también escuché en youtube algunas versiones narradas por Vincent Price, Christopher Lee y Christopher Walken y terminé con los ojos vidriosos en la biblioteca de esta universidad donde lo leí por primera vez.

Aquí se los dejo. Aunque si nunca lo han leído, mejor guárdenlo para la noche cuando estén solos. En cuanto a mí, ya no puedo esperar a que se reanuden las clases para ir al salón, pedirles a estos salvajes que se recuesten sobre sus brazos, apagar las luces, cerrar las cortinas y buscando una voz como salida del averno mientras me paseo aleteando entre sus carpetas, comenzar a leerles: "Una vez, al filo de una lúgubre media noche…

¡NEVERMORE!

http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ing/poe/cuervo.htm



viernes, 3 de octubre de 2014

Profe, usted nos trae porno

Siempre llevo cómics a mis alumnos grandes pero hoy se los llevé también a los más pequeños. No censuré nada así que había desde Charly Brown hasta cómic underground nacional. Uno de los chibolos abre el libro "Tren de ficción" de mi pata Carlos Lavida y se encuentra con una viñeta en la que aparece una chica con las tetas al aire. Me la muestra y me dice: "Profe, usted nos trae porno". La maravillosa frase inmediatamente logra 2 cosas: La primera: congelar el espacio-tiempo mientras yo me quedo con cara de huevón y el resto del salón con la risa a punto de estallar. La segunda: teletransportarme 18 años atrás cuando un amigo dijo exactamente la misma frase a nuestro profe Lucho Torrejón, después de que este nos proyectara una película española llamada Amantes en la que una chica le metía un pañuelo al culo a su chico mientras se la follaba. La frase de mi pata en realidad no fue tanto una afirmación como un cuestionamiento. Dijo: Profe ¿POR QUÉ nos pone PORNO? La palabra PORNO quedó retumbando en el salón como si de pronto hubiese entrado Nacho Vidal con la guasa al aire. El profe Lucho Torrejón, que tenía una barbaza y una voz ronquísima como de sátiro de los montes griegos, abrió los ojos y gritó: "¡¡¡NO ES PORRRNO, ES ERÓTICO!!!".

Nunca me olvidé de esa frase ni de la cara de mi pata al escucharla. Torrejón tenía muchas frases memorables. Recuerdo que al entrar al salón nos saludaba diciendo: "Damiselas y cocodrilos". Y ahora, cada que yo tengo que escribirle un mail a mis alumnos, lo encabezo con aquel Damiselas y cocodrilos como un tardío tributo a ese gran maestro que nos ponía cine erótico y conciertos de Piazzolla en vez de hablarnos de la aburrida historia de los medios del Perú. Aquello fue una sabia decisión pues a estas alturas de la vida, he olvidado quién carajo fundó La Prensa, pero jamás olvidaré el sonido de aquel doloroso bandoneón de Astor tocando Adiós Nonino.

Cuando el tiempo se descongeló y yo volví al salón de esta tarde en el que yo soy el profe, mi cerebro trató de responderle a mi alumno con una frase sabia y desenfadada como la de mi profe Torrejón, pero en cambio lo que me salió fue un ¡¡¿CUÁL PORRRNO? SON SOLO UN PAR DE TETAS! ¿ES QUE NUNCA HAS VISTO UN PAR DE TETAS?!! xD Mientras iba diciendo la frase, veía cómo la cara de mi alumno se derretía y entonces acabé dándome cuenta de mi locura. A mí la frase me sonaba fresca y natural porque, vamos, a estas alturas de la vida, la gente con que suelo conversar ha visto, apretado, besado, mordido, lamido, succionado varios pares de tetas. Han sumergido la cara en ellas, las han inhalado, les han puesto sobrenombres, han dibujado sobre ellas con diferentes tintas, las han llenado de miel y de vino, las han hecho conversar entre ellas y seguro que algunos hasta les han compuesto poemas, reguetones o alejandrinos. Y aún cuando a mí todavía sigue maravillándome su delirante arquitectura y aquel aroma que es el equivalente al ultravioleta para la vista, una parte de mi cerebro sabe que son objetos posibles en el universo.

Sin embargo, cuando yo tenía la edad de mi alumno, no había vuelto a ver unas tetas desde que mi vieja me había destetado y nadie me aseguraba que podría ver otras antes de que un meteorito destruyera el planeta en el año 2000. Carajo, a los 17 yo era tan tímido que pensaba que iba a morir virgen. Y mientras le decía al chibolo ¿ES QUE NUNCA HAS VISTO UN PAR DE TETAS? comprendí que si un profe me hubiese dicho eso a los 17, yo me hubiese desmayado. Csm.

Al final mi pánico desapareció porque mi alumno se cagó de risa junto con todos sus patas. Tira de pajeros. Esta generación viene más superada. Cuando hace poco hicimos el ejercicio de "Dibuja 5 cosas que te llevarías a una isla" uno de ellos dibujó a una calata sobre la isla. Como me parecía conocida le pregunté ¿Quién es? -Sasha Grey- me dijo todo contento. Tamare, murmuré y me fui a mi escritorio aguantándome la risa y acordándome de mi primo que también es su fan.

A veces cuando pasan estas cosas y yo me acuerdo de mi profe Lucho Torrejón, me doy cuenta de que es posible que cuando estos pendejos se gradúen, también recuerden poco de lo que les enseñé, pero mucho de lo que les mostré. Y eso es algo perturbador porque las clases las puedo preparar, pero es más difícil controlar lo que me brota espontáneamente del hocico sin pasar por la aduana del cerebro.

En esos momentos, espero ser un poco como mi maestro Torrejón. No solo por aquella película española con la escena del pañuelo en el culo (carajo, alguien tenía que desahuevarnos y hacernos ver que no había nada malo en ver en el cine a dos personas cogiendo como es debido) ni por lo del tango de Piazzolla o las pelis de Kusturica o la voz de Yma Sumac, todos, artistas que conocía gracias a él. Sino porque parecía un ser humano lleno de pajas y contradicciones como nosotros y eso hizo que lo viéramos como alguien de quien realmente podíamos aprender.

Hace un tiempo vi que una amiga había posteado en su muro una imagen que decía "No les enseñes lo que sabes, enséñales lo que eres". Esa tarde llegué al salón, me olvidé de la clase que había preparado y les conté lo que yo había vivido al salir de la universidad: aburrirme de mi chamba, irme a mochilear por Latinoamérica, pasar hambre, descubrir la literatura y aferrarme a ella como un loco renunciando a todo lo demás. En algunos de ellos, vi brillo en sus ojos por primera vez desde que comenzara el ciclo. Espero que ese "¿ES QUE NUNCA HAS VISTO UN PAR DE TETAS? que se me escapó hoy, sea comprendido como todos los ¿QUE TODAVÍA NO HAN VISTO PULP FICTION? que suelo soltarles. O el ¿Ya han escuchado el Verano de Vivaldi?¿Han visto los cómics de Robert Crumb? ¿Han leído ya Cien años de soledad? ¿Han ido a pasear por el Jirón Quilca?

Y espero también que con el tiempo yo vaya convirtiéndome en ese tipo lleno de historias como mi profe Torrejón, al que le bastaba llegar al salón y hablar de cualquier pichulada, para que en todos nosotros estallase algo que nos hacía salir a buscar la vida y el conocimiento.

jueves, 2 de octubre de 2014



Me fui un mes de fb y descubrí horrorizado que hemos quemado los botes en los que llegamos a la isla cibernética. La sensación de estar desconectado me parecía fascinante solo porque sabía que era finita. Leía novelas enteras en una noche, escribía sin distracción y el último día dibujé al Grifo del narrador de cuentos en mi pared. Pero luego me quedaba como loco porque me sobraba mucho tiempo y mucha paja mental sin liberar. He comprendido que aún si metafóricamente lograse vivir en los árboles como Cósimo en El barón rampante, jamás podré cortar el vínculo con la humanidad. Cuando entré a la universidad en 1996 y me mandaron a leer a McLuhan, no me quedaba muy claro aquello de que los medios de comunicación eran las extensiones del hombre. Pensaba que McLuhan estaba en ácidos y que un día quemó y vio que sus brazos se extendían como los del hombre de goma y dijo: ptmre, voy a escribir un libro sobre esto. Ahora comprendo a lo que se refería. El silencio de setiembre fue hermoso, a ratos sentía que había vuelto a 1994 y que al prender la tele iba a estar Kurt Cobain tocando About a girl en mtv y que yo iba a apretar el botón de rec de mi vhs. Pero a ratos también sentía que me había vuelto mudo o sordo. Es probable que repita la experiencia cada cierto tiempo. Nuestra generación será la última en acceder al placer de estar inubicable y estar inubicable es buenísimo. Es como tenderse a descansar en tus propias colinas interiores. Naturalmente, eso es algo que pienso aprovechar. Y además, como dice Fito: vos ya sabés comprender, es solo un rato nomás

sábado, 13 de septiembre de 2014

gypsy boy

¿Sabes cómo se ve una colilla de cigarro cayendo desde un onceavo piso? Una colilla lanzada hacia la vía expresa como un minúsculo meteorito. Las cosas más pequeñas pueden ser increíblemente bellas si guardas silencio. Una canción de dos minutos puede devastarte lo mismo que una patada en el estómago. Hoy vi una chica guapísima en la cola del supermercado. Estaba pálida como el lomo de un caballo blanco. De pronto se apoyó contra un anaquel y musitó ¿alguien puede ayudarme? medio segundo después se desvaneció como una blusa que resbala del colgador. Su madre la alcanzó justo antes de que tocara el piso. Alguien más le trajo una cocacola. La maldita alegría de vivir. Querían recargarla como una impresora que se ha quedado sin tinta. Yo miraba todo desde las cajas rápidas. Pagaba mi cerveza y comprendía que después de aquella visión una lata no me iba a bastar. Al salir conduje mi bici bajo la lluvia. Traté de olvidarme de la chica. Si me pongo a pensar en toda la gente que se desvanece en esta ciudad, podría lanzarme yo detrás de la colilla de mi cigarro. Al llegar a casa he escrito una frase de Cohen sobre la pared de mi cuarto. Mi perra dormía al pie del colchón. Mi perra es como la cola de tela que los niños atan a sus cometas. También tengo una lámpara que parece el pellejo de un animal atropellado devorado por el sol. No sé si me gustas más que el invierno, pero lo considero altamente probable. Tú y el invierno hacen que me den ganas de quedarme en la cama. De tener abrigos bonitos. De escribir canciones sobre mi pared. La única diferencia es que nunca dejaré que un invierno me mate. Y en cambio a ti te estoy mostrando el cuello desnudo. Hago cosas extrañas como buscar tabaco. Y dirás: pero tú no fumas. Y tendrás razón. Pero esta noche fumo para unirme a la vertiente de hombres que alguna vez necesitaron fumar un cigarrillo como otra gente necesita café en el desayuno. Así escribimos. Ya no importa si lo hacemos bien o mal. Lo hacemos para entrar al volcán en el que nadan los que un día no tuvieron otra cosa que las palabras. Los que no podían follarse a las mujeres que amaban más que con los poemas que escribían. Eres tan bonita como los colmillos inferiores de mi perra, hechos para destrozar la carne. Quiero escribir como quien se va quitando el polo, el bluejean. Necesito quitarte la correa sin tocarte, como un encantador de serpientes. Enroscar una frase en tu lóbulo izquierdo. Derramar cera caliente sobre la arena que rodea tu ombligo. Pero primero te hablo de colillas de cigarro, de una chica en el supermercado, para que sepas que puedo encontrar belleza en cualquier piedrita de la calle. Para que sepas que aún cuando te vayas seré capaz de cazar los pescaditos dorados de la madrugada. Paso saludándote desde mi balsa que visita tu ribera sin detenerse. Solo cuando siento tu nostalgia (no me atrevo a decir desesperación) aquel descubrir que nunca más conocerás un chico como yo, vuelvo a tu orilla. dejo que me conduzcas a tu cama. Oh, niña del Amazonas. Eres la calle de farolitos que el borracho reconoce camino a casa, la primera spondylus que un niño se acerca a la oreja, esas arañitas que saben caminar sobre el río. Eres tan parecida a la palabra lentamente. Y sin embargo, podrías derretir el Kilimanjaro entre tus piernas. ¿Qué soy yo sino el primer hombre del universo detenido ante una lluvia de estrellas? Pero también soy como el último hombre que vio hundirse la Atlántida y que no tiene cómo contarlo. No hay remedio. Me pongo a escribir frases en mi pared, miro a mi perra, lanzo cigarrillos desde mi ventana. Yo solía pensar que era una especie de gitano. Hasta que te dejé llevarme a casa.

domingo, 31 de agosto de 2014

¿de qué están hechos los poemas? -me preguntó la estatua- los poemas están hechos de uvas chancadas -le dije- ¿de qué más va a ser? ¿y el vino? el vino de palabras que terminan en o, presta atención, los libros de cebras, las cebras de televisores descompuestos, los televisores de piel de lagartos ¿y los lagartos? de insomnios, y los sueños de tropezones, los huecos de planetas deshabitados ¿y los agujeros negros? los agujeros negros son el big bang de otro universo. luego preguntó ¿por qué la gente le teme a los fantasmas? porque ellos saben la verdad. ¿qué es la verdad? todo lo que desconocemos. ¿qué hay dentro de mí? más piedra ¿qué es la piedra? una posibilidad.¿qué es una posibilidad? la razón por la que salimos de la cama. Se quedó pensando. Nunca he comprendido las camas -dijo. Es porque las estatuas no se cansan. ¿Qué es el cansancio? Lo que sentirás cuando caiga la lluvia. ¿Qué es la lluvia? Una mujer ¿Algún día dejaré de existir? Serás otra cosa, la savia de un helecho, o tal vez esa planta a la que llaman oreja de elefante ¿te gustaría? No sé, ¿a ti te gustaría ser otra persona? Extrañaría la gente con la que he conversado ¿Qué es conversar? Unirse con hilos. ¿A cuánta gente te has unido con hilos? A tanta que tendrían que descoserme todo para liberarme. ¿Y entre nosotros existe algo? Un puente colgante en llamas. ¿Cuánto aguantará? Toda la vida

sábado, 16 de agosto de 2014

un rifle de amapolas

el insomnio. una canica sumergida en un pote de témpera negra. cuando no puedes dormir recuerdas todo lo que alguna vez dijiste. y yo recuerdo que te conté esto: cuando vienes a verme te veo llegar desde mi ventana. como no tengo cama, me tiro al piso como un francotirador. te apunto con mis dedos como si sostuviera un rifle de amapolas. once pisos arriba todavía soy capaz de reconocer tu forma de atravesar los puentes. no, ella no es, ella jamás vendría tan apurada ni se pondría esos zapatos, no, su bicicleta no es de ese color, no, ella no mueve la cabeza así. pero es mentira que te reconozca por la anatomía del azar. podrías venir disfrazada de rinoceronte, de pez banana. yo te reconozco como el conejo de la nieve intuye a la lechuza entre las ramas secas. el infrarrojo de tu sangre me golpea la nariz. tu cuello tira una piedra al estanque de mi calma. ahora que ya no vienes, pienso: debí haberte disparado cuando aún te tenía en la mira. pero luego ¿qué sentido tiene acabar con algo tan bello solo porque no podemos detenerlo? sería como darle de balazos a un río. hay cosas infinitas. tener veinte, por ejemplo. casi todos nuestros cajones están vacíos ¿cuántos chicos más cabrán en tu vida? ¿cuántos te escribirán cuentos por las mañanas? pero ya sé que eso no sirve de nada. cuando yo tenía veinte una chica me escribió 44 poemas y no consiguió ni un beso. los poemas estaban numerados. ella me los mandaba y yo los guardaba en una carpeta con su nombre. no era poeta pero estaba enamorada del fantasma que yo había inventado. usaba el notepad como si estuviera escribiendo la lista del mercado. nunca había visto una archivo de notepad que pesara 24 kb. me decía: ven a vivir a buenos aires, yo traeré la comida, tú solo escribirás tus cuentos y me harás el amor. pero no viajé. porque soy cruel o porque a lo mejor tampoco se puede comprar deseo con poemas. puedo comprender entonces que no te quedes. si has de enamorarte, será por mis ojos, por el sabor de mi adn. no por estas horas en que escribo. si estoy sentado aquí es porque el teclado es mi cementerio de elefantes. te vi atravesar el puente. venías tan bonita que pensé, a lo mejor yo también agito el estanque de su calma, ¿por qué sino se pondría tan guapa para venir a esta cueva? pero conocerás otros chicos. y cuando los dejes, ellos se emborracharán, otros te llamarán de formas que jamás creíste posibles, la mayoría guardará alguna foto tuya. pero ninguno se sentará por las mañanas a convertir tu espacio vacío en un jardín botánico. nadie amasará el fuego para recrear tu espalda. ni beberán agua fría del caño para acordarse de tu voz. y la consecuencia inevitable de eso es que terminarán por olvidarte. es probable que yo también te olvide, de alguna manera. pero cuando eso suceda, esta hoja todavía existirá y hablará, como una isla que guarda nuestras risas. y otros náufragos sabrán de nosotros y su soledad estará acompañada. y cuando sean rescatados, contarán este cuento a sus amigos. porque verás, muñeca de nieve, yo no escribo para que me recuerden. escribo para que sepan que tú existías.

miércoles, 30 de julio de 2014

martes, 29 de julio de 2014

Anteayer tocó lomo fino y cabernet, pero hoy: garbanzos y tecito. Me gusta de vez en cuando decirle a la pobreza: "no me he olvidado de ti, chochera". Para que cuando vuelva, no esté furiosa. Para que sepa que le tengo tanto cariño como a su hermana la gordita. Me gusta que sepa que tiendo su cama todos los días, para que no apure el paso ni llegue abriendo puertas a patadas. Prefiero que se sienta extrañada, para que el día que vuelva, sea ella la que prepare las infusiones y se acomode tranquilamente a mi lado a contarme nuevas historias y a recordarme que las mejores cosas de la vida las aprendí junto a ella.

lunes, 28 de julio de 2014

Fina estampa

Ayer me compré una guitarra. Es una guitarra acústica con cuerdas de nylon, como esas con las que uno aprende a tocar. Me gusta porque no tiene ningún color ni diseño particular y podría ser la guitarra de cualquier chico del mundo. Si vas y coges un diccionario y buscas la palabra guitarra, aparecerá la que tengo ahorita entre los brazos. Su sonido es suave, como si las ondas estuviesen tanteando con sus manos la casa de madera que van a habitar de ahora en adelante. Sin embargo, la sexta cuerda ronca ya con carácter y me recuerda aquel verso que dice: "en las risas hilarantes de niños que juegan está contenido el llanto de los hombres que serán"

Con la guitarra me regalaron una funda, así que me la colgué a la espalda y me fui caminando por Cantuarias. No caminaba con una guitarra en la espalda desde hacía diez años y había olvidado lo protegido que uno se siente. Es como llevar el arca del diluvio a cuestas. Como saber que aún si te parten en dos, podrás sentarte a cantar un canción para remendarte.

Bueno, subí por Larco y tomé un bus para ir a la FIL. Conseguí un asiento junto a la ventana izquierda desde donde veía cómo salíamos del Parque de Miraflores. Como a tres cuadras, se subieron dos chicos con una guitarra y dijeron que iban a tocar unas canciones. Me quité los audífonos. Entonces, se pusieron a cantar a dos voces una versión tan bonita de Fina Estampa que todos en el bus empezaron a sonreír como idiotas. Era como si nos hubiésemos teletransportado al Teatro Nacional y estuviéramos en cómodas butacas con nuestros mejores trajes. Ellos dijeron que la música era la risa del alma y todos les creímos, porque mientras cantaron esa canción de Chabuca, dejamos de ser limeños atorados en el tráfico y fuimos seres humanos capaces de sonreír a las 6 de la tarde.

Tocaron también Puentecito escondido, y cuando pasaron su gorrita, la gente vació sus bolsillos para ellos. O al menos eso es lo que me gustaría creer. Cuando ya estaban a punto de bajarse por la puerta trasera que era por donde yo estaba sentado, vieron mi guitarra y quisieron conversar. Me preguntaron qué música tocaba. Les dije que acababa de comprarla y me gustó que creyeran que era un principiante, porque después de verlos tocar y cantar, me sentía así. Entonces saqué de mi bolso 3 uñas que me acababa de comprar para tocar la guitarra, las puse sobre la palma de mi mano y se las mostré. Tenían diseños de discos de los Beatles. Te regalo una, le dije al guitarrista que sonrió sorprendido. Primero escogió la del Yellow Submarine pero como era muy gruesa para su tipo de música la cambió por la del Revolver. Antes de bajarse me preguntaron si me gustaba Chabuca. Les dije: lo primero que voy a hacer al llegar a casa es aprender a tocar Fina Estampa.

Al final no fue exactamente lo que pasó porque al llegar a la FIL me encontré con una amiga y cantamos Confesiones de invierno como chibolos de campamento y luego me acordé de Fake Plastic Trees y la toqué y por la noche fui con otros amigos a Las Mesitas de Barranco y el pianista estaba tocando Alma Llanera y Las vírgenes del sol y después Strangers in the night, y al llegar a casa estaba medio sad porque ni rastro de ti así que estuve toda la madrugada tocando sin parar Famous Blue Raincoat hasta que me quedé dormido. Recién ahora recordé lo de ayer, busqué las notas y me he puesto a tocarla.

Fina Estampa está compuesta en base a cuatro simples acordes que hacen la ronda como niños: Re mayor, Mi menor, La7 y Si7. A ratos uno le cambia de lugar a otro y también en el coro hay una divertida bajada, como si uno de ellos se tropezara y se pusiera de pie rapidito: Fa#m Fam Mim. Otro detalle que me ha gustado es que el mi menor de esta canción no suena triste. A mi parecer, Mi menor es el acorde más triste de la vida. Lo recuerdo sobre todo de canciones como: Jealous Guy de Lennon o El viento eres tú de Silvio. Pero en esta canción, suena reconfortado, como si el resto de acordes lo estuviesen acompañando en la caminata diciéndole: tranquilo, loco, ya verás que la vida es de puta madre.

Yo no celebro las fiestas patrias y la verdad es que me llegan un poco al pincho las banderas. Creo que una vez que sales del país, descubres que tienes hermanos en todas partes. Si tuviera que escoger una patria, esta sería la de la gente que canta. Y gente que canta, hay en todas partes. En todo caso, lo que podría agradecer hoy, es que en este país donde faltan tantas y tantas cosas, no haya faltado nunca gente como Chabuca Granda. Y también, que uno pueda subirse a un bus cualquiera, una tarde cualquiera y bajarse a punto de llorar de alegría solo porque alguien se puso a cantar una canción.


viernes, 25 de julio de 2014

pero tu mirada. pero tu mirada. pero tu mirada. marrón claro. tu mano bajo la mesa. apretándome como tratando de evitar que el meteorito destruya el planeta. uno puede tener convicciones. uno puede llegar a comprender emc2 y entender la bomba atómica personal. el hiroshima del corazón. y aun así. aun así. qué se hace. cuando estás en una fiesta ajena y tienes que pedir prestada la computadora. para invocar el holocausto. para escribir. dónde carajo estás. Y hay un chico. un tipo que comprende a eielson tanto como tú. y te dice. hay un quiebre en mi vida, hermano. un amigo me dio el poesía escrita de jorge eduardo. mi vida se quebró. nunca pude ver las bancas de la misma forma. los árboles ya no eran verdes. el cielo ya no era azul. tengo que volver en bicicleta a mi casa. no me sirvas mas whisky, loco. tal vez ella quiere que yo sobreviva. querrá darme otro beso. mis labios se hunden cada día como Venecia. la ciudad perdida. la muerte en Venecia. ¿cuánto nos queda?podemos confiar en el azar para encontrarnos como ayer. yo prefiero confiar en ti. me gustaría tanto que me digas: voy. escuchaba una canción que decía. we are accidents waiting to happen. pero no la recuerdo bien. quiero que sepas que me senté en tu vereda. mañana todavía es una palabra que nunca comprenderé.

miércoles, 23 de julio de 2014

anatomía de un tiburón y una mujer

¿en qué se parece dibujar un tiburón a pensar en ti? no sé, pero me mantiene distraído. y es mejor que me distraiga. debes comprender que has entrado a nadar a esta playa por error, pero esta noche te voy a ayudar a llegar a la orilla. esta noche el tiburón va a ser bote salvavidas. nunca nunca nunca nunca nunca nunca debes mirarme a los ojos. nunca debes chocar contra las peñas y hacerte una herida en la pierna. mantén ovillado el hilo rojo de tu sangre. que no se te enrede entre las algas. que yo no roce tus glóbulos ni tu alma con mi nariz. soy un animal solitario y creo más en las palabras que en cualquier mujer que haya amado. ahora ellas son las sirenas de la memoria. son las novias de los peces abisales. se pasean entre las ventanas de submarinos hundidos en guerras que ya no recuerdo. nunca he querido rescatar a nadie. mi amor se llama 15 filas de dientes en cada mandíbula. y me vuelven a crecer cada 24 horas. pero a ti te quiero rescatar. no sé bien por qué. tal vez porque estoy harto de mis canciones, de mis palabras, de mi mirada de océano pacífico que parece eterna y dura apenas veinte minutos. así que usa tus pequeños bracitos propulsores. uno detrás de otro. patalea hacia la orilla y solo cuando estés a salvo voltea a despedirte. siente la arena y el último rastro del mar entre tus dedos, el beso de la sal sobre tus hombros. recuerda la playa pero olvídate del océano. no hay animales salvajes. yo no vivo aquí. imagina que el mar es una delgadísima lámina celeste sobre la que el sol se tiende a descansar anranjado. todo lo que está debajo no existe. nada te puede devorar. jamás me has besado. no sabes lo que es morir ahogada


sábado, 19 de julio de 2014

viernes, 18 de julio de 2014

Karen vuelve de Calle Capón con una galleta de la fortuna para mí. Como muero de hambre, antes de que pueda explicarme que es una galleta de la fortuna ya me la metí entera al hocico. Entre los crujientes pedazos de harina siento el papelito sobre mi lengua. Me lo saco de la boca y leo esto: "Crees demasiado en lo que ves en el cine". ¡¡NOOOOOO!! grito emocionado. Se lo leo a Karen. Es el mensaje más bonito que me ha tocado en una galleta. ¡Claro que creo demasiado en lo que veo en el cine, santos chinos del oráculo! y también en lo que leo en los libros de cuentos y hasta en las huevadas que se inventan mis amigos delante de una chela. Y precisamente porque creo en eso es que mi vida se ha convertido en una película, un libro, una conversación de sobremesa. ¿Cómo se puede vivir sin creer que cosas maravillosas te pueden pasar todos los días? ¿Cómo se puede vivir una vida que no provoque ser contada?



sábado, 12 de julio de 2014

quisiera irme a dormir pero estas palabras son nuestro único puente. si no escribo ¿cómo voy a cruzar hasta tu lado del acantilado? sin embargo, tengo sueño. si cantaras una canción me dejaría hundir como el Titanic. hoy es el día para naufragar. la gente que siempre ha estado a flote sabe tanto del mar como las palmeras. creen que todo es brisa y sal. tienes que dejar que te trague la ballena alguna vez. ponerte el océano como un abrigo de 30 toneladas. por ejemplo. qué hacía yo ayer, mientras tú... yo caminaba. bebía llamaradas de flor de caña. me asomaba a mi balcón. mi tío echaba el humo de su cigarro como si fuera Dios inventando el smog. le dije: sería paja si Lima tuviera estrellas. y luego volví a mirar: no, está bien así. . A S Í . luego nos montamos a nuestros aviones y nos echamos al cielo ¿sabías que Saint Exupéry escribió un libro sobre los primeros aviadores nocturnos? esos tipos volaban sin radar y a veces no aterrizaban. se los tragaba la noche como una mantarraya. ellos esperaban las luces de la ciudad como el próximo latido de su corazón. como un adolescente espera el sábado. yo también cantaba someday I'll be saturday night. pero ahora que tengo el sábado aquí. digo, ahora que no estás. es como tener el barco y haber extraviado el mar. no podemos echarle la culpa de todo a la luna. Saturno tiene 62 lunas y Júpiter 63 y no ves a sus habitantes lanzando huevadas a la vía láctea. pero mi profesor me dijo: escribe aunque no tengas de qué escribir. así que venga ¿cómo serías si vivieras en un planeta con 62 lunas? todo ese rollo de la luz viajando durante años por el universo me recuerda aquella canción: You Probably Couldn't See For The Lights But You Were Staring Straight At Me. la canción no me gusta. pero el título es maravilloso. prefiero otras de los artic monkeys, que tampoco es mi grupo favorito. si las estrellas se las han arreglado para tocarnos, por qué a nosotros nos cuesta tanto? ¿has visto un átomo? el 99% de nuestro cuerpo está vacío. entonces ¿que hay en ese 1% que vuelve loca a la gente? qué es eso que los lleva a sentarse en largos divanes a llorar como niños, o a escribir canciones, o a enamorarse. y me cuesta tanto decir enamorarse que prefiero encontrarle anagramas: no marearse / era mearnos / mareearnos / arena meros / menos rara / ramo serena / no no no no. basta. me voy a dormir. o a leer a Saint Exupéry. o a nadar sin radar bajo la mantarraya. tú canta alguna canción esta noche. sé la tibia música del Titanic. y yo aceptaré el naufragio.

viernes, 11 de julio de 2014

Niños que se comen a sus mascotas sin saberlo



Les pido a mis alumnos que me cuenten alguna de las desgracias más salvajes de su vida y por 2do ciclo consecutivo, aparecen por lo menos 2 que me cuentan que cuando eran chiquitos tuvieron un pollito o un patito o un conejo llamado Martin y un día, al llegar del colegio no lo encontraron, entonces, se sentaron a almorzar pensando "después de comer lo busco", y a mitad del almuerzo sus propios viejos les dijeron que estaban comiendo estofado de Martin. La primera vez que escuché esta historia le había pasado a mi primo y me dio tanta pena y risa a la vez que solo gritaba NOOOOOO!!! xDDDD NOOOOO!! xDDDD PUTA NOOOOO!!! xDDDD Era como si dentro mío hubieran estallado las presas del llanto y la risa y mi corazón era una balsa tratando de no naufragar entre ambas furias. Porque además pensaba que era un caso aislado, algo digno de convertirse en un guión de El narrador de cuentos. Pero descubrir ahora que 2 de cada 30 niños se han comido a su mascota me pone nervioso, diablos, no es una estadística muy tranquilizadora. Y eso, suponiendo que a los otros 28 no les haya pasado también algo parecido pero hayan bloqueado el recuerdo o les hayan contado que Martin se fue a vivir al bosque con sus amigos de la pradera. Lo más extraño es que en la crónica cuentan que en el momento en que descubren la noticia, todos lloran sobre su plato de comida y comienzan a repetir el nombre de su mascota y a putear a su familia o se van corriendo al patio a ver si no les están jugando una broma cruel. Pero pasado este punto y aceptada la horrible verdad, algunos de ellos dicen que ¡SE SIGUIERON COMIENDO A MARTIN! Es decir, miraron los huesitos rostizados en aceite y lloraron, pero luego olieron el aroma de la pimienta sobre la carne frita y entre lágrimas y mocos, acabaron a mordiscos con su infancia. ¿Cómo es posible que uno pueda comerse lo que ama? ¿Es aquel un último acto de posesión? ¿Una despedida a nivel molecular? Y además ¿en qué se parece esto a la historia del japonés Issei Sagawa que estaba haciendo una tesis sobre el Premio Nobel de Literatura Yasunari Kawabata y luego se comió a su novia holandesa? Él también dijo que estaba obsesionado con la antropofagia desde que era un niño. Mis alumnos me hablan de metáforas, nudos y desenlaces y luego me dicen: "cuando era niño, me comí a mi conejo". Recuerdo que antes de resolver este examen sobre La senda del perdedor algunos me preguntaron: "Profe, ¿a qué se refiere con que le contemos alguna de nuestras desgracias más salvajes al estilo Chinaski?" Les dije que lo que quería era que no lo contaran como un melodrama de telenovela mexicana, sino de una forma que sus desgracias se me hicieran divertidas como las de Henri. Uno de ellos dijo: "Profe, ¿y si mi desgracia no da risa?" Y yo le dije "Tú cuéntala nomás que yo igual me voy a reír" Y todo el salón: D: D: D: D: Por ahí escuché que me gritaban ¡sádico, maldito, puto! Pero al final esa es la pregunta en la que todos se han gastado la página completa y la parte con la que yo me he divertido más. Mientras me entregaban el examen muchos me dijeron: "profe, esto solo léalo usted y luego quémelo". Y así lo he hecho. Hoy subí notas, junté los 80 exámenes y encendí la hoguera. Solo en mi cerebro ha quedado la historia del chico que sin querer incendió el camión de su abuelo, el de la niña que se escapó de casa y vivía en los parques, el del niño que se hizo la caca por seguir viendo Rambo, historias de primeras borracheras con putas asesinas, de soledad de amor y de muerte. Historias de comerse a la mascota. Ahora me voy tranquilo de sus vidas. Me llevo la certeza de que al menos les he dejado la sensación de que están llenos de historias. Y de que si se toman el tiempo de contarlas bien, pueden alegrarle el corazón a alguien más, por ejemplo, a un tipo en pijamas que se sienta en su escritorio a corregir exámenes la tarde más fría del invierno.

lunes, 7 de julio de 2014

martes, 1 de julio de 2014

newton’s love song

En medio de una fiesta, mi amigo Flu descubre un libro de Isaac Asimov en el baño de mi casa. Es uno de sus libros favoritos y el hecho de que yo lo tenga sobre el tanque del inodoro lo deja un poco consternado. Así que vuelve a la sala agitando el libro y diciendo quecómoesposible. En la portada aparece Asimov sonriendo con sus lentes hipster y unas patillas tan achoradas que bien podría pasar por el abuelo de Guepardo. Le explico a Flu que el problema no es que yo tenga "Cien preguntas básicas sobre la ciencia" sobre el tanque del inodoro, sino que él considere que el tanque del inodoro es un lugar poco privilegiado para la literatura. De hecho, le digo, es el único lugar donde nadie te jode. Yo leo una de las cien preguntas cada vez. Voy por la 34. En ella, Mr. Isaac explica de dónde vino el aire que respiramos. Lo explica tan bonito que es casi como estar escuchando “The air that I breath” de The Hollies. What more could I ask? Entonces Flu como que comprende. Pero como además quiere que todos en la fiesta comprendan, abre el libro y se dispone a leernos un fragmento. Es paja cuando la gente coge libros de nuestra biblioteca para leerlos en voz alta en una fiesta. Como esa vez cuando Jon y Lau estaban locazos de chela y encontraron a Eielson y abrieron la cueva de “Si alguna vez confundes Tu corazón con tu sexo y tu sexo Con un saxofón que llora En una calle oscura…” Y después, gritando “…O si derramas amor a manos llenas Sin que nadie lo reciba Y asustado como un niño te despiertas Y ya no hay caricia Ni desayuno tibio Y ni una sola gota de materia Que te recuerde el universo entero…” así, las cinco hojas. Suicidio en masa. Pero bueno, una cosa es leer un poema de Eielson dedicado a Charlie Parker y otra era escuchar la explicación científica del mundo cuando ya tienes alcohol en el cerebro. Sin embargo, como queremos mucho a Flu, le dijimos, a ver lee pe’ ctm. Escogió la pregunta #2: ¿Quién fue en su opinión, el científico más grande que jamás existió? Asimov responde que si la pregunta fuera ¿Quién fue el segundo científico más grande? entonces sería imposible responderla, porque desde Arquímedes hasta Einstein hay por lo menos una docena que se merecen el título (Bohr, Pasteur, Darwin, Galilei…), pero dado que la pregunta es ¿Quién es el más grande?, no hay duda alguna: Isaac Newton. Dice Asimov: “Fundó las matemáticas superiores después de elaborar el cálculo. Fundó la óptica moderna mediante sus experimentos de descomponer la luz blanca en los colores del espectro. Fundó la física moderna al establecer las leyes del movimiento y deducir sus consecuencias. Fundó la astronomía moderna estableciendo la ley de la gravitación universal. Cualquiera de estas cuatro hazañas habría bastado por sí sola para distinguirle como científico de importancia capital. Las cuatro juntas le colocan en primer lugar de modo incuestionable”. Dice además Asimov, que su tocayo Newton no sólo es valioso por sus descubrimientos, sino por la lúcida y hermosa forma en que los presentó en su Principia Mathematica, rompiendo para siempre con la idea de que los griegos eran los chuchanboys de la ciencia y que el hombre moderno tendría que vivir bajo la sombra de esas viejas mentes. El texto termina con esta frase: Tras la muerte de Newton, Alexander Pope lo resumió todo en dos líneas: “La naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche. Dijo Dios: ¡Sea Newton! Y todo fue luz.” Cuando Flu termina, sentimos que acabamos de escuchar un poema y nos echamos para atrás en los sillones y decimos ¡aaaaah! Y le damos un sorbo a nuestra chela. Pero entonces, Flu agrega algo que debió callar: ¿Sabían que Newton murió virgen? Otro chico del grupo lo confirma: sí, eso he escuchado. Le digo a Flu que no puede decirme eso después de lo que ha leído. Después de aquel texto yo veo a Newton como a Bowie o a Lou Reed y no puedo aceptar que haya muerto virgen, menos un sábado por la noche mientras bebo y me río con mis amigos y nadie en el jodido mundo parece potencialmente virgen. Le digo: Flu, carajo ¿me estás diciendo que el genio científico más grande del planeta murió sin haber cogido? Sí.   Putamadre     Silencio      Silencio       Silencio     Después de eso la gente sigue chupando pero yo entro en un agujero negro porque quisiera que Newton estuviera ahí en la fiesta con nosotros. Le presentaría a mis amigas, le prepararía un chilcano, le preguntaría: oe Isaac, ¿qué canción quieres que ponga? ¿Está bien Monóculo Fantástico? Me lo imagino paseándose por la sala con su larga cabellera rubia a lo Michael Bolton, su viejo sobretodo negro y un pequeño prisma en las manos. Pienso: tengo que salvarlo, tengo que acercarlo a la hoguera, a la única experiencia física que comprueba y destruye a la vez todas las teorías que él ha deducido. Es mi misión en la vida. Después mi mente hace un zoom hacia el prisma que él sostiene entre las manos, o en realidad es como si yo me hiciera pequeño y fuese abducido por aquella celda de cristal o quién sabe, porque todo esto lo estoy imaginando con varias chelas encima. Pero en todo caso, allí dentro veo los colores refractados y comprendo algo. Comprendo que Newton ya conoce lo que yo intento desesperadamente mostrarle. ¿No es acaso coger lo mismo que desfragmentarte, digamos, si puedes hacerlo con alguien que para ti es una especie de luz? Lo que es otra forma de decir: coger es hacerte pedazos, como en aquel poema que ya no sé si es de Bolaño o de Rosas Ribeyro: “Pensé que mi oreja era tu ojo y mi nariz tu lengua”. Newton ha cogido. Lo que pasa es que se ha cogido el universo entero. Nos ha cogido por los ojos y se ha follado nuestras mentes. Nos dijo: chicos, todos los cuerpos se atraen. Y al decirlo nos convirtió en planetas con meteoritos rozándonos la atmósfera todo el tiempo. Y si me siento a tu lado en el sillón entro a esa órbita inevitable. Cuánto más cerca están los cuerpos, con más fuerza se atraen, dijo el hijodeputa y se fue a inventar el cálculo. Como si se pudiera calcular algo cuando existe la gravedad que crece y crece y te jala desde el ombligo. Como si la luz fuese una cola de canas blancas y no lava multicolor que viaja desde el sol para dibujarte frente a mí. Como si no fuera verdad lo que dijo Eielson: Quizás Lo que llamamos luz Es la sombra de Dios Y lo que llamamos Dios Somos nosotros mismos. Así que me paro y me acerco a Newton que mira el cielo desde mi balcón. Y estamos allí en silencio hasta que al fin le digo: enséñame a cogerme el universo. Y él, tranquilamente, levanta el prisma delante de mis ojos. Y alguien pone una canción. Y yo veo. Y escucho. La última canción. Y adiós.



domingo, 22 de junio de 2014

el corazón es un cazador solitario

Hace unos días conversaba con una amiga sobre la suerte de que ciertos libros te encuentren a la edad adecuada. Ella me contaba por ejemplo que a los 11 había leído El lobo estepario y, por supuesto, no había entendido nada. Pero como en el mismo libro venían también Demian y Siddartha los leyó y se volvió loca. A mí me pasó justo al revés. Leí los 3 libros de Hesse cuando ya tenía como 30 años y entonces Demian y Siddartha me aburrieron y en cambio El lobo estepario me aulló furiosamente en la caverna ósea del cerebro. Cuando nos mudamos, el primer libro que saqué de la biblioteca de Karen fue Nación Prozac. Karen tiene mil libros que me tentaban (como la guía de supervivencia zombi o el kamasutra lésbico) pero cogí el de Elizabeth Wurtzel porque siempre me había intrigado el título. Pues bueno, fue una de las lecturas más desesperantes de mi vida. Cada diez páginas me puteaba a mí mismo por haber adoptado la esclavizante costumbre de no dejar nunca un libro a medias ¿Recuerdan cuando en the catcher in the rye, Holden dice que hay libros que cuando los terminas te gustaría que el autor fuera tu amigo para llamarlo y conversar? pues cuando terminé Nación Prozac yo también quería ser amigo de Elizabeth Wurtzel pero para ir a su jato y sacarla de la depresión a tabazos. Sin embargo, sospecho que si Karen me hubiera prestado ese libro cuando teníamos 17 y la depresión todavía era una forma de vida, no solo legítima, sino hasta encantadora, otra hubiera sido la historia.

Lo malo es que casi nunca podemos escoger el momento en que un libro llega a nosotros así que lo único que nos queda, es leer mucho y esperar que lleguen pronto los libros que necesitamos para vivir. Iba a decir que al menos nos queda el consuelo de poder elegir el momento en que llegamos a la última página, pero la verdad es que tampoco, porque si el libro es bueno, las últimas diez hojas te atraparán como una catarata y lo terminarás de leer aunque vayas parado en el metropolitano a las 6 de la tarde agarrado con una sola mano y apretado entre una vieja tetona, dos emos y un pajero. Recuerdo que hace unos años Karen me prestó Chesil Beach de Ian McEwan y lo terminé de leer afuera de un grifo, apoyado en una máquina de hielo, mientras ella entraba a comprar una chela. Cuando salió del grifo le dije: espera, tengo que terminarlo ahora. Y ella se quedó ahí tomando la chela mientras yo moría con aquel final tan salvaje. Ahora acabo de terminar "El corazón es un cazador solitario" de Carson McCullers (también me lo ha prestado Karen) y he agradecido que sea domingo y que yo tenga resaca y que la casa esté vacía y que solo esté conmigo Pika que duerme sobre una colchita bajo mi escritorio. Por un momento me he convencido de que necesitaba este silencio y este vacío para que ese final me quebrara. Pero la verdad es que no. Cada libro abierto suelta su propia neblina que nos aparta del mundo real. Así que no importa realmente dónde uno esté. Terminé de leer On the road en una estudio fotográfico, haciendo fotos para un catálogo de Sodimac, terminé Los Miserables en mi cama, una tarde cualquiera, terminé Ana Karenina, ah, qué diablos importa. Al llegar a la última página yo fui Sal Paradise, fui Levine, fui Jean Valjean. Y esta noche de domingo soy Biff Branon, en mi restaurant vacío, teniendo una epifanía sobre el valor de la humanidad y su paso por el tiempo infinito. Y ahora si me permiten, me voy a husmear mi biblioteca para escoger qué piel me voy a poner esta semana cuando me canse de ser yo todo el tiempo.

jueves, 19 de junio de 2014

martes, 17 de junio de 2014

Teorema


Cada cierto tiempo me pego con Teorema de Miguel Bosé. A veces también con Morir de amor o con Amiga, pero Teorema es la que me agarra más salvajemente. Ayer por ejemplo me agarró en Pardo y en bici y con lluvia así que la puse en repeat hasta que llegué a dictar clases. Mientras pedaleaba y cantaba, no podía dejar de pensar en mis muñecos de Leon-o y Doña Treme que esta semana andan juntos sobre mi escritorio. En clase leímos "De qué hablamos cuando hablamos de amor" de Carver y conversamos sobre el amor y al final todos nos hemos quedado callados como en el cuento. Luego he venido corriendo a mi casa a dibujar. Por la mañana me he levantado a colorearlos y eso es todo lo que he hecho con mi vida por ahora. En la clase, yo sostenía que el amor era una palabra inventada para un animal que siempre cambia de forma y que un día se alimenta de una cosa y luego de otra. Lo que me sorprendió fue que varios de mis alumnos, que son hasta 10 o 12 años menores que yo y que no han tenido tiempo de ser revolcados como es debido (emocionalmente, digo) opinasen parecido. No es que sea un cínico, pero vamos. Lo que me loquea es que digo eso y después me paso la noche dibujando estas huevadas. A veces creo que el amor es como una bestia cuyo corazón nunca veremos, ni su cabeza ni su cerebro, pero sus extremidades se mueven de una forma tan encantadora, que cuando uno de esos tentáculos llega a tocarnos, sentimos que con eso nos alcanza y no pedimos más explicaciones.

sábado, 14 de junio de 2014

muñecas inflables y tónico inti

aquí pes. en recuperación de clases. pensé que ningún alumno vendría porque es sábado y estamos en mundial, pero llegó este grupo de choches que ha escogido como proyecto creativo final: diseñar una muñeca que ayude a los chicos a perder el miedo a declararse. algo así como el MuñecaSystem del Bananero pero en versión platónica. Me cuentan que han ido a un sexshop pero que les da roche preguntar cuánto cuestan. les digo que al menos ellos tienen la excusa de ser chibolos pajeros, más roche me daría comprar una a mi edad. De todas formas, les aclaro que su trabajo final no puede ser una muñeca inflable, que su muñeca deben diseñarla ellos y que tiene que estar vestida y no puede tener la boca en modalidad pete. además tienen que diseñar el librito con el que viene la muñeca. luego uno saca de su mochila un pequeño frasco que dice: Tónico INTI. mire, profe, me dice. ¿Qué es? pregunto. sus amigos responden: es el semen de toro que este weon toma. jajajaja. Efectivamente, en la cajita del frasco veo el icono de un robusto toro sobre una cuchara de jarabe. Me cuenta que una vez se tomó todo el frasquito y no durmió en tres días. Otra vez se lo dimos a un pata que se estaba quedando jato en clase y de pronto se despertó y todo nervioso empezó a decir: QUÉ PASA! QUÉ PASA! QUÉ PASA!. Antes de irse del salón me dice: Profe, a mí me lo consigue mi hermana que trabaja en el laboratorio que lo fabrica, si quiere un frasquito, me pasa la voz nomás. ¬¬ Gracias, le digo. Y los veo irse con toda su cafeína y sus hormonas revueltas. No sé porqué tengo el presentimiento de que cuando acabe el ciclo, estos pendejos van a intentar venderme su muñeca system. Y no les voy a dar otra nomás porque la verdad es que a su edad yo realmente necesitaba una muñeca como esa, y tal vez también me hubiese venido bien un poco de ese jodido semen taurino.

viernes, 13 de junio de 2014

jueves, 12 de junio de 2014

empezó el mundial

¡Que insania bajar hoy a ver el partido inaugural a la sala de profesores! Conté más de 40 catedráticos arrimando sillas frente a la tele como los loquitos de Alguien voló sobre el nido del cuco. También me acordé de cuando estaba en el cole y fuimos en mancha a la casa del primer pendejo al que le compraron nintendo. Solo que entonces teníamos 10 años y ahora, pues, había tíos que tranquilamente ya se iban por el tercer infarto. Cada que alguien se paraba o se cruzaba por la pantalla, lo pifiaban y le gritaban OEOEOEOEOE, muertos de la risa. Me dije: si están así ahorita, para semifinales van a gritar de todo. Y eso me alegró, porque yo tengo así como un síndrome de tourette contenido y la posibilidad de soltar un: ANNNDALACONCHADETUHERMANAAA, en lugares insólitos, me emociona como a otra gente emociona la navidad. Me acuerdo que hace muchos años, cuando yo era alumno en esta universidad, hubo un concurso en la gymkana que consistía en hacer la tira más larga de ropa. Nuestra carrera ganó porque un pata de la promo se quitó todo lo que traía puesto y se quedó en calzoncillos como Charles Atlas. Cuando ya nos habían declarado ganadores, él dijo "Oe, pásenme un pucho pe' -y cuando le dio la primera pitada, completó su frase- Es que siempre he querido fumar calato en la universidad". Puta mare, en ese momento se convirtió en mi héroe y dije: yo de grande quiero ser como él. Así que ahora me toca y estoy pensando en alguna performance para la final de la copa. No sé si llegaré a calatearme en el club de cátedra, pero algo radical haré. Y lo mejor es que estará permitido por esta huevada del mundial. Si nuestros alumnos nos vieran en estas condiciones tan degradantes sería como cuando Mafalda ve a su viejo escuchando fútbol por la radio con cara de suicida y dice toda triste "a veces me pregunto si realmente estoy en buenas manos". A mí el mundial no me vuelve loco pero tampoco es que me sea indiferente. Lo que me sí se me hace incomprensible es seguir encontrando gente que le va a Brasil. Que poco divertidos, carajo. ¿No se cansan de verlos ganar? Irle a Brasil es como jugar winin-eleven en nivel aprendiz, como jugar a las escondidas y espiar mientras cuentas. No jodas. Cuando vino el primer gol y fue para Croacia, fuimos pocos los que saltamos de nuestras sillas, pero ahí reconocí a los dementes, los mártires, los que apuestan al giro mágico de la historia. Además aquel autogol era la imagen inaugural exacta para un mundial que ha sido organizado a costa del sufrimiento del propio pueblo brasilero. Vean los videos, las noticias, hay hasta un documental al respecto. Brasil no debe ganar este mundial. Ya le toca otro maracanazo. Ahora, tampoco me parece justo joder a la gente que está disfrutando de los partidos porque toda esa mierda revuelta no es inherente al fútbol, como sí lo es por ejemplo en el caso de la tauromaquia. Y si te parece que esto del mundial está distrayendo a la gente de otros problemas, pues pregúntate qué haces en facebook en vez de ir a resolverlos. Pero basta, que yo no quería armar el debate así que no se pongan a hacer chongo con que si el mundial esto o lo otro. Mas bien ayúdenme a armarme de un buen repertorio de carajazos para ir a estrenarlo en el club de cátedra de mi alma máter. He estado buscando en youtube videos de Ricardo Darín y no he encontrado ningún compilatorio de sus memorables puteadas. Por lo pronto lo único que tengo planeado es que la próxima vez que pongan un árbitro tan animal como el de hoy, voy a pararme sobre la silla en medio de todos mis colegas y a gritarle a la tele: CALLACACHERA!

martes, 10 de junio de 2014

hombrecitos verdes

¿de dónde vienen? ¿a dónde van los hombrecitos verdes de los semáforos? parecen haber partido de comarcas diferentes. pueblos de neón, de menta helada. están los estáticos, los asincopados, los atléticos que corren en cámara lenta al estilo Charriots of Fire, los que parecen tejidos de luz, los ejecutivos que te ponen la cuenta regresiva, los que consiguieron esa chamba cuando los despidieron de Atari, los que brillan con una sola luz, los que están hechos de varias bolitas verdes como chupados clorets, los que tienen el verde exacto de la poción del Reanimator, los que se han quedado cojos o mancos o decapitados por un fusible malo. los misteriosos, que son una sombra negra calada en la esfera verde. pero sobre todo, ahhh, que maravilla encontrarse con uno de esos que se ha ladeado y parece indicarte el camino hacia el infierno. hay días en que uno quisiera hacerles caso y bajar a enterrarse, usar la ciudad como un cubrecama. y otros en que provoca seguir al otro, el que se va para arriba. convertir el aire en escalera. paren el mundo que yo me bajo. subir a conversar con las estrellas. ver desde arriba el tejido electromagnético de Lima. imaginar que uno también es un hombrecito verde. soñar que venimos de algún lugar. creer que vamos hacia a alguna parte.

miércoles, 4 de junio de 2014

Nunca he sido un fanático de los musicales. Creo que quedé traumatizado con los de Disney (excepto por "Alicia en el país de las maravillas" que es una obra maestra, aunque probablemente digo eso porque la vimos con Lau bajo el efecto de pociones mágicas que ingerimos para mimetizarnos con el personaje). Recuerdo también que hace muchos años me gustaba una chica con una locura de la que pensé que nunca me curaría, hasta que un día ella me contó que lo que más le gustaba de las películas de Disney era "las partes cuando cantaban". Comprendí entonces por qué nunca podríamos estar juntos. Un día íbamos a estar viendo Bambi con nuestra camada de hijos y en cuanto ellos se pusieran a entonar en coro la canción de la primavera "Las aves gorjean su felicidad. Do, re, mi, fa, so, la, si, do. ¡Oh!" yo iba a sacar la motosierra e iba a decapitarlos a todos. Recuerdo que cuando vivía en Río de Janeiro fui un día al teatro. Fui porque necesitaba melancolía y la melancolía no es algo que esté muy al alcance en Río. Hay que buscarla en rincones oscuros como si fueses a comprar crack. Incluso su saudade es una especie de tristeza con bikini. Bueno, estaba en el teatro de lo más triste (o sea feliz, feliz de estar triste) cuando de pronto los actores se pusieron a bailar y a cantar y se bajaron del escenario y bailaron con el público. Hermano, se les chorreaba el carnaval por todas partes. Ese día dije: basta. Basta de bailar y de cantar. Por eso es que ayer cuando, en la cola del teatro, Karen me dijo que la obra que íbamos a ver era un musical, ajusté. Aquel suceso en el teatro de Río había sido hace 10 años pero el trauma seguía vivo. Hay algo perturbador en ver a alguien decir cantando algo que podría decir hablando ¿o soy solo yo? Pero bueno, ayer, una vez sentado en la butaca se abrió el telón y los actores se pusieron a cantar e, inesperadamente, me sentí bien. Algo debe haber pasado (envejecí tal vez, me ablandé?). Los escuchaba cantar y pensaba: ¿por qué cantan estos cacheros? sin embargo, no era una pregunta de reclamo, sino era algo como: díganme cómo hacen para estar tan contentos con su miseria. Terminó la obra y yo estaba feliz. Volvimos a casa caminando. Tuve una novia que decía: Pierre, el mundo se divide en 2 tipos de personas: las personas a las que les gusta Ob-La-Di, Ob-La-Da y las personas a las que no les gusta Ob-La-Di, Ob-La-Da. No creo que la frase necesite mayor explicación, pero imagino que ella pensaba en esa gente que se enfurece discutiendo si el Abbey Road o el Let it be es el mejor disco de los Beatles y otra que simplemente escucha una canción boba como Ob-La-Di, Ob-La-Da y se pone a bailar como orate. A nosotros nos gustaba Ob-La-Di, Ob-La-Da. Bueno, siempre seguiré pensando que es bien pastel ver a alguien cantar monólogos y diálogos, pero parece que ahora ya no me importa. Digo ¿es que cantar es raro o es que nos hemos desacostumbrado a cantar? Loco, loca ¿hace cuánto que no cantas en la ducha? ¿Hace cuánto que no sales cantando a la calle?

lunes, 2 de junio de 2014

sábado, 31 de mayo de 2014

puedes decir: no beberé nunca más. puedes desayunar cornflakes con yogurt oyendo el petsounds, uno de los discos más bonitos de la historia de la música. puedes fumar y dormir toda la tarde del sábado, dormir un sueño de astronauta, de serpiente digiriendo un manatí, puedes despertar a las 6pm y decirle a tu roomate: vamos a almorzar. pueden comer 24 hojitas de parra e ir a visitar a los gatos del parque. puedes comprarte un libro de Robert Crumb con descuento. pueden ir por helado de mandarinas y pasear bajo los ficus. pueden despedirse en 28 de julio. puedes decir: yo me voy a casa a escribir. puedes intentarlo. hombre, puedes intentarlo en serio. pero entonces encontrarás una extraña de polo negro y bluejeans sentada en una de las salidas de la vía expresa. puedes darte cuenta de que está borracha o triste o ambas cosas. puedes mirarla y escuchar cuando te señala y te dice: "si me vas a decir algo, no me digas ni mierda". puedes seguir caminando y sentir cuando ella se pone de pie y te sigue. puedes voltear y verla atajar los carros, asomarse a la vía expresa. puedes detenerte y pensar: le pregunto qué le pasa o no le digo ni mierda. puedes finalmente dejarla atrás y volver a tu casa. puedes llegar a tu casa e intentar escribir. puedes tratar de convencerte de que ella estará bien sin ti. de que no se dejará matar. puedes asomarte a tu ventana cada 5 minutos para ver si ha pasado algo en el puente donde la dejaste. puedes trancar tu puerta con tablas como Renton. puede decirte que ya no tienes 18 años. puedes subirle todo el volumen a la música. pero seguirás escuchando aquel aullido que te ha llamado desde que dejaste de ser un niño. es tu madre loba reclamándote entre las calles. porque hay cien chicas a punto de lanzarse de un puente. porque alguien ha prendido fuego a la ciudad y tú eres su mejor bombero. o tal vez porque el incendio está dentro de ti. la noche dentro de ti. el aullido dentro de ti. porque eres tú el que está asomado al puente. porque alguna vez tú también estuviste atajando carros. porque tú también alejaste a quien solo te intentaba salvar.

martes, 20 de mayo de 2014

Escribir una bici. Montar un cuento



Ahora que me han vuelto a robar la bici (una TREk blanca como un corcel, a la que había atado con un ulock indestructible a mi reja, sin contar con que los ladrones -no pudiendo romper el ulock- se llevaron toda la reja) recuerdo que yo iba a escribir un texto sobres las bicicletas y los cuentos.

Cuando le vas dando a los pedales se te ocurren muchas pastruladas filosóficas y quería contarles algunas por aquí. Además no soy el primero. Conozco dos excelentes reflexiones de escritores sobre las bicicletas y los cuentos. La primera que escuché fue de Cortázar:
“Aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta, mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector” 
Por supuesto que hay cuentos lentos como tractores que logran su cometido y también he visto por la tele tipos que mantienen sus bicis en equilibrio sin pedalear. Pero, ya sabes, si vas a escribir un cuento lento, tienes que ser tan capo como esos ciclistas que bajan cerros saltando de roca en roca como cabras.

La otra frase es de Alfredo Bryce aunque no recuerdo de dónde la saqué. He revisado entrevistas, la he googleado y no aparece; sin embargo, suena totalmente a algo que diría él:

"Escribir es confundir una caída en bicicleta con el fin del mundo". 

Debe haberla dicho él porque en su primer libro hay un cuento que se llama "El camino es así" (de hecho ese cuento le iba a dar el título al libro hasta que Ribeyro lo desahuevó y le dijo que era una frase muy fatalista, que parecía un mal bolero y que mejor le pusiera “Huerto cerrado” porque en sus cuentos se respiraba un aire como de huerto cerrado) y que trata de un colegial que en una excursión en bicicleta a Chaclacayo se retrasa de su grupo de amigos, se cae y entra en un huayco emocional alucinante. Es un cuento muy bonito y lo recuerdo sobre todo porque la primera vez que vi a Alfredo me acerqué y le pregunté si realmente habían hecho ese viaje en bici cuando estaba en el colegio. Me dijo que sí y hasta me explicó la ruta, y entonces yo choqué mi Stella Artois con su copa de vino y me fui contento pensando en que algún día yo también haría ese viaje en bici y hasta me sacaría la mierda solo para poder convertirme por un rato en un personaje suyo.

Ok, ahora que ya conté lo de Cortázar y Bryce, voy con lo que yo reflexionaba. Son 4 cosas y las voy a enumerar porque dicen que a la gente le resulta más fácil leer listas. Al parecer les da la sensación de que pronto ya van a acabar. Malditos flojos.


1. Cementerio de mascotas
Hace poco iba cleteando por Lince y casi me vuelvo chango al ver pasar un chico en una Míster idéntica a la primera bici que tuve en mi vida, aquella en la que aprendí a manejar, a los 8 años. No había visto una como esa desde entonces. Era una motocross negra con accesorios amarillos. Tenía un largo y esponjoso asiento de cuero y un cilindro que simulaba el receptáculo de gasolina de las motos (venía incluso con la tapa rosca y yo a veces se la sacaba para llenar el cilindro de cojudecitas como piedras o algarrobos). Los amortiguadores eran brutales, como para aguantar el peso de un rinoceronte (o de un niño gordito como yo) y me vinieron muy bien pues la calle de Talara en la que aprendí a manejar estaba tan llena de huecos que, de no ser por esos resortes, me hubiese roto el culo a muy temprana edad. El hecho es que lo primero que pensé al verla fue ¡Carajo, ahí va mi infancia. Me la compro! El más contento con la noticia fue mi poto, pues el asiento de la Trek metía más terror que ir sentado sobre el regazo del Marqués de Sade. Pero también se alegraron mis piernas, mi cabello, mi corazón. Era una alegría de cuerpo completo. La sensación de que podía recuperar lo irrecuperable: el pasado.

Así pues, desvié mi ruta y comencé a perseguirla. Mientras pedaleaba, iba pensando en cuánto podría ofrecerle al muchacho por ella. La persecución duró unos pocos segundos pues mientras iba tras mi niñez comprendí que todo era un absurdo. No solo porque pretendía detener a un chibolo en la calle para comprarle su bici (la verdad es que se veía viejita y estoy casi seguro que por menos de 300 soles me la hubiera entregado más que feliz), sino porque comprendí que yo ya no encajaba en ella. Era demasiado pequeña para mi talla actual y, aquellos amortiguadores, que de niño me permitieron rebotar cómodamente sobre los baches y montículos de los arenales de Talara, ahora en Lima, con las calles asfaltadas, me serían totalmente inútiles, me quitarían velocidad y, en resumen, me harían ver como ese pato gigante que usa pañales en las caricaturas.

Resignado, dejé de pedalear y con cierta nostalgia la vi, nuevamente, alejarse de mi vida. Sin embargo, ya de camino a casa, me puse a recordar aquellos días cuando aprendí a montar esa vieja motocross y cómo mi vieja corría detrás de mí para que no me sacara la mierda. Y me puse a escribir. El hecho es que mientras escribía, recordé también detalles clarísimos de mis primeras caídas, el olor del aseptil rojo, ese sádico placer que encontrábamos de niños en arrancarnos despacito una costra, y recordé sobre todo aquel primer día de vacaciones cuando, junto a mi hermana y nuestros vecinitos Choby y Amelia, llevamos las bicicletas hasta la cuesta que sube al aeropuerto de Talara y nos pasamos la tarde bajándola a toda velocidad. Cuando eres niño el primer día de vacaciones te produce una euforia parecida a la que los adultos experimentan la noche de año nuevo, así que creo que recordaría ese día aún si no hubiese sucedido lo que sucedió después: En una de las bajadas, más o menos a la mitad de la cuesta cuando ya habíamos agarrado una velocidad respetable, se me rompió la cadena de la bici. En la década de los 80’s los frenos de las bicicletas eran a contrapedal así que sin cadena no te paraba ni Cristo. Completamente aterrorizado intenté frenar con los pies pero la velocidad era tal que mis sandalias salieron volando y entonces solo me quedó agarrar fuerte el timón y lanzarme hacia el arenal que rodeaba la cuesta. No me maté de milagro. Mi hermana, Choby y Amelia regresaron asustados pero al verme sacudiéndome la cabeza de arena se cagaron de la risa. Fue un buen inicio de las vacaciones.

A lo que iba es a que, lo que yo intentaba al comprarle mi vieja bici al chibolo, era revivir este recuerdo, volver a ser un niño el primer día de vacaciones. Sin embargo, mientras escribía, me di cuenta de que el solo hecho de contarlo funcionaba mucho mejor que la estúpida idea de desenterrar físicamente mi infancia. Además ya sabemos cómo terminaron aquellos gatos resucitados en Re-animator o Cementerio de mascotas. Si yo no pudiera contar historias, mi casa estaría llena de bicicletas viejas y de gatos resucitados que quieren asesinarme. Me cuesta dejar ir; y sin embargo soy un tipo que necesitar irse. Tal vez por eso he aprendido a contar. No me he deshecho de mi equipaje. Es solo que todo cabe dentro de un lapicero y una hoja de papel.

2. Te llevo para que me lleves
Voy manejando por la ciclovía de la Avenida Arequipa. En sentido contrario viene otro chico también en bicicleta pero, a diferencia mía, él lleva un bebito de aproximadamente un año, en un pequeño asiento colocado entre su tórax y el timón. El bebé va mirando las calles con cara de asombro. El papá por supuesto, maneja con cuidado y mucho más despacio que yo. Sin embargo, al cruzar junto a él, comprendo que mi velocidad no es nada comparada con el vértigo que lo rodea. Lleva a su hijo por las calles de Lima, le está mostrando el mundo que algún día él recorrerá por su cuenta. Mi velocidad, es cierto, me emociona, me hace sentir como un animal salvaje entre todos aquellos carros atorados en el tráfico; sin embargo, carece de profundidad comparada con la aceleración emocional de aquel chico que pasea a su bebé. Así, cuando escribo un cuento, soy como él y llevo a mis lectores a cuestas. Se supone que yo no debería pensar tanto en ustedes. Decía Horacio Quiroga en su decálogo, que no hay que pensar en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia, y creo que comprendo lo que dice, pero la verdad es que a mí me funciona al revés y una de las cosas que más me gusta de escribir, es convertirme en ese muchacho que te lleva en la bicicleta y te muestra calles que hasta antes de leerme desconocías. Solo cuando comprendo que mis palabras pueden agitar tu corazón es que para mí tiene sentido contar.

3. ¿Qué es un cuento?
He tenido 6 bicicletas en mi vida. Hace 15 años que son, no solo mi vehículo favorito sino mi principal medio de transporte en la ciudad. Y sin embargo, todavía me hago bolas para ponerle la cadena cuando se le sale. Tampoco sé cuántos rayos tiene cada llanta ni mucho menos cómo se hace para alinearlos. No tengo ni puta idea de para qué sirven los rodajes, cuántos kilos pesa o de cuántas pulgadas es mi marco. Lo único que sé es que cuando me monto a ella puedo ir a los sitios que me gustan. Si me preguntas qué es un cuento, tampoco sabré qué responderte. He leído dos libros de teoría del cuento de grandes escritores. Son muy divertidos y por un momento realmente tienes la impresión de que estás aprendiendo algo. Pero la verdad es que eso es tan absurdo como creer que por aprenderte la tabla de multiplicar podrás hacer el truco de los panes y los peces. La única forma de aprender a montar bici es montándote a una, la única forma de aprender a escribir cuentos es escribiéndolos.

4. Náufragos
Y mi última epifanía (que es la menos inspiradora de todos los tiempos y por la que algunos de mis amigos escritores querrán mandarme a la mierda), la tuve tras ver todas esas absurdas campañas para promover el uso de la bicicleta. “Que si las bicicletas no contaminan el mundo, que si las bicicletas te hacen ahorrar el dinero del combustible, que si las bicicletas te mantienen en forma.” ¿A quién rayos le importa? Estoy seguro de que por lo menos la mitad de los ciclistas seguirían montando sus bicis aún si fueran dañinas para la salud, necesitaran combustible y el mundo ardiera en llamas a su paso. Montamos bicicletas porque es de la puta madre y punto. Salvo tirar y alguna que otra película de Woody Allen, no hay casi nada tan divertido como recorrer la ciudad en una. Las campañas deberían ser así de simples: Toma esta bici, pasea un rato. Fin. Ya estás enganchado. Igual pasa con la literatura. Lo hacemos porque no hay nada que nos guste tanto. Algunos escritores realmente se creen que escriben para salvar el mundo. Lo más jodido: algunos escritores consideran que es nuestra obligación y se enojan si no tocas ciertos temas o no vuelves mutilado de tu historia. Diablos. Tal vez soy un cretino egoísta pero la verdad es que la única persona que me interesa salvar cuando escribo soy yo. No es que no crea en un ideal mayor, la belleza por ejemplo, pero si la busco es porque sale de mí y escribir un buen cuento es como descubrir que tú eres la gallina de los huevos de oro. Y me apostaría la cabeza a que es así para la mayoría. Todos hemos naufragado en el lenguaje y hacemos lo más que podemos para flotar. Algunos nadan con tanta voluntad y destreza que los confundimos con botes de rescate. Hay quienes llegan hasta la otra orilla y nos sirven de camino. Pero eso no quiere decir que hayan intentado salvarnos o guiarnos. Hermano, no hay nadie que esté tan extraviado como un escritor buscando la siguiente línea de su cuento, el último verso de su poema.



Aparecido originalmente en la primera edición de 
la revista ZENTAURO, en marzo del año 2014