sábado, 16 de marzo de 2013

dios

Cuanto tenía 5 años, el Papa vino a visitarnos a Trujillo. Alguien me llevaba en brazos, tal vez mi mamá, tal vez alguna tía. Nos abríamos paso entre una multitud que corría frente a la Universidad Nacional por una avenida que ahora se llama Juan Pablo II. Eran miles de personas. Yo no entendía bien qué pasaba pero como todos estiraban el cogote en la misma dirección, supuse que alguien importante se aproximaba. Tal vez Dios. Entonces, sobre un carro blanco, pasó un señor muy viejito que nos sonreía y nos saludaba cariñosamente bajo su enorme gorro blanco. Creo que yo también le sonreí y lo saludé. Luego nos fuimos a casa.

También recuerdo que por esa época vino a visitarnos un circo y fuimos a ver el desfile. Esta vez era mi papá quien me llevaba en brazos. Había mucha gente también. Entonces, montado en otro carro, vimos a un señor celeste que nos sonreía y nos saludaba cariñosamente bajo un enorme gorro blanco. Todos los niños corrían hacia él. Tal vez este sí era Dios. Recuerdo que mi papá corrió conmigo y logramos tomarnos una foto juntos. Luego nos fuimos a casa. Recuerdo ambos paseos con cierta alegría, pero por supuesto no entiendo todavía por qué corríamos atrás de aquellos señores de gorro blanco. Ni si alguno de ellos era Dios.


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