domingo, 8 de diciembre de 2013

ámbar gris

en algún lugar de Gran Bretaña, un niño de ocho años va a la playa y encuentra una extraña roca en la orilla. esta roca tiene un olor intenso y es suave como la cera. si el niño supiera que lo que tiene entre las manos es medio kilo de vómito de ballena, probablemente su primera reacción sería soltar la roca. pero el niño, por supuesto, todavía no lo sabe. tampoco sabe que ese medio kilo de vómito vale aproximadamente 50 mil euros y que lleva décadas flotando en el océano. sin embargo, le intriga su apariencia y se la lleva a casa. pronto harán los análisis y descubrirán que se trata de ámbar gris. el ámbar gris es una sustancia muy cotizada en el mercado de las perfumerías pues sirve para fijar los olores y solo se encuentra en el vómito de las ballenas o en su material fecal obstruida. ambas provienen de los restos no digeridos de los calamares que gustan tanto a las ballenas. el niño cambiará su roca por 50 mil euros. esta es una noticia vieja. tal vez ya la habían escuchado. yo no tengo más información sobre el niño. presumo que le gustó ganar los 50 mil euros. en una web dicen que los donó a un refugio de ballenas. de todas formas, imagino que algunas noches, este niño se debe acordar de su roca, de su extraño olor, de cómo se sentía entre sus manos. ahora su hallazgo se ha diluido en pequeños frascos y habita el cuello de las muchachas bonitas. algún día este niño crecerá y conocerá a estas muchachas. alguna de ellas accederá a bailar con él. la música los irá acercando como dos botes que se tambalean al pie de un muelle. después de algunas piezas, él le buscará el cuello y, entonces, al acercarse, reconocerá el olor de su infancia y creerá haber hallado un rastro. perseguirá el olor con los ojos, con la nariz, con la lengua. lamerá del cuello de la muchacha el vómito de la ballena, lamerá el ámbar gris y los calamares muertos, lamerá el océano, el tiempo, las décadas, todas las lunas llenas que han pasado, la tibia mano del sol acariciando las olas, lamerá todos los peces del mar y, esa noche, tumbado sobre su cama con la lengua todavía salada y el alma revuelta, escribirá el nombre de la chica sobre su colchón y escribirá también un cuento en su cabeza y dirá que es amor, y estará convencido de aquella palabra. y no existirá otra cosa en el mundo. y se olvidará que una vez fue un niño. y se olvidará también que una mañana de hace muchos años encontró una extraña roca en la orilla del mar

1 comentario:

carlos lavida dijo...

La ultima vez que cogí una roca de una playa estaba tan hebrio que me parecía que cambiaba de colores y la tiré al mar
Si haces otro libro debes poner este cuento, te lo ruego
jajja