lunes, 9 de febrero de 2015

sobre Los tres mosqueteros

Acabo de terminar de leer Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas y ha sido una de mis más grandes decepciones literarias. Tal vez debí leerla cuando era niño. A estas alturas de la vida se me hace imposible empatizar con personajes que toman decisiones movidos por razones tan cojudas como el honor o el amor a la patria. Son como esos galanes de cigarrillo que antes nos parecían rebeldes y ahora solo nos parecen futuros enfermos de cáncer.

Los tres mosqueteros (Athos, Porthos y Aramis) son unos cretinos: se ofenden como niñas si alguien los mira feo, son abusivos y déspotas, les importan las apariencias, despilfarran el dinero de sus amigos y gilean con mujeres casadas que pa concha los mantienen. Pero Dartagnan, putamadre, Dartagnan ya la pega de huevonazo. Mata a decenas de tipos por el amor de una ñorsa que apenas conoce. Causa, yo también me he vuelto loco por chicas a las que vi una sola noche y podría haber llenado hojas y hojas de demencia por esas cacheras, pero el hecho es que Dumas no se detiene en la exaltación de ese amor, porque claro, es un libro de aventuras y lo que importa es que exista un catalizador de las acciones, en este caso, la mujer, pero al no hacerlo deja a su héroe Dartagnan como un bolas calientes. 

El caso es que, debido a mi imposibilidad de dejar un libro a medias, he ido comiéndome la novela con prisa, devorando los capítulos por decenas como un niño que quiere acabar rápido la sopa para ir a ver tele (apenas la terminé corrí a coger Misery de Stephen King que me ha caído como una helada lata de redbull) Sin embargo, cuando ya había aceptado que todos eran unos perfectos pendejos y en vez de tratar de empatizar tomé distancia del libro y vi la historia burlonamente y desde lejos (como cuando Vargas Llosa cuenta que iba al puente de Piura a ver cachar a los burritos en el cauce seco del río), el libro se me hizo más divertido, la trama se aceleró, todos los cabos se fueron atando y para cuando llegué al final con la decapitación de Milady -cuya ilustración (de Maurice Leloir) anexo abajo- estaba maravillado y casi me paro en la cama para aplaudir. 

Quería contar además que el capítulo XXXV se llama "De noche todos los gatos son pardos" como la canción de los Caifanes. Pero más loco me volví cuando vi que el penúltimo o antepenúltimo capítulo comienza ¡exactamente! con la misma frase con la que Snoopy, el perro de Charlie Brown, abre siempre sus cuentos "It was a dark and stormy night". ¿Será posible que Shultz haya sacado de ahí la frase? Cuando la leí me quise volver chango. 

Bueno, a lo que iba este post no es a desmerecer la novela de Dumas. De hecho, en la pila de libros por leer que está al pie de mi cama tengo El Conde de Montecristo y presiento que con esa me irá mucho mejor.  Yo la verdad venía a lo contrario, pues justamente cuando acababa el libro y llegué a la escena en la que Dartagnan comprende que, después de haber hecho tantas huevadas juntos, los 4 amigos van a separarse y todo triste le dice a Athos: "Ya no tendré más amigos ni nada más que amargos recuerdos"  Y Athos le responde "Eres joven y tus amargos recuerdos tienen tiempo de cambiarse en dulces recuerdos", me partí en dos. Un poco por la frase, pero sobre todo, carajo, porque supe que nunca más iba a sentir eso que estaba sintiendo mientras la leía y me dio nostalgia. Precisamente porque sabía que nunca iba a releer este libro y por tanto, la emoción producida por  la imagen de los amigos separándose y la sabia frase de Athos, jamás se repetirá en mi vida. 

Cada libro es único y esa sensación de terminar uno es irrepetible en el siguiente. Antes eso me parecía bien porque siempre volví a los libros que me gustaban y era como tener la sensación atrapada. He releído héroes, the catcher in the rye, los inocentes más de diez veces. Pero últimamente, tal vez al ver cómo los años pasan y lo grande que son las bibliotecas, ya me di cuenta de que hay libros de mi librero que nunca más podré releer para dejarle tiempo a todos aquellos que tengo pendientes. Y eso me angustia terriblemente.

Le decía a mi pata el Inde: ¡Carajo, ya quiero que se acaben los libros en el mundo para pasar el resto de mi vida leyendo los que me gustaron mucho! Pero no se puede pe'. Y lo que me maravilla es que haya descubierto esto al terminar un libro que en general no me gustó. Que pueda sentir nostalgia de algo solo porque es único en el mundo.  Es un poco como lo que dice Calamaro cuando canta Lorena "hay que ser hombre para olvidar a una mujer si no hay otra igual". 




el que se agarra la cabeza con aspecto de lamento debe ser el cretino de Dartagnan que aún después de haber atravesado con su espada a medio París, parece espantarse de la decapitación de Milady solo porque es una mujer cuando esa era otra salvaje que también anduvo cercenando vidas por doquier. pfff. ya pes amigo Dartagnan, un poco más de coherencia


4 comentarios:

Regina Limo dijo...

Hola, infeliz. Pasaba por acá para recordar que existes. Pero también porque ayer martes me fui con un amigo a chelear y a comprar libros, y en ese garaje enorme y largo que hay en Camaná donde venden revistas prácticamente al paso encontré un libro de tiras de Snoopy en inglés. La edición es hermosa: tapa dura amarilla con la imagen de Snoopy escribiendo en su máquina de escribir. Está maltratadita, medio rota, sucia y con trazos de crayola, lo que delata que quizás perteneció a un niño. En fin, sobre los libros que se terminan, es una angustia espantosa algunas veces, y otras no tanto, como cuando terminas un libro malo, y te alegras de no volverlo a leer nunca más. En fin, yo tampoco me resigno a pensar que hay demasiado por leer. A una amiga le decía que la humanidad tendría que parar cien años de escribir para poder leer todo los libros bellos.

Dumas es considerado un escritor menor, quizás por eso que consignas, la ingenuidad de sus personajes y lo acartonado de sus tramas. Recuerdo que en clase de Literatura Francesa, luego de que García Bedoya nos anunciara que las lecturas principales de ese ciclo iban a ser Molière, Balzac y Proust, alguien alzó la mano y le preguntó si íbamos a leer a Dumas, y Bedoya puso cara de haber chupado limón, porque además detesta que le hagan preguntas cojudas. Esa frasecita de Dumas que Snoopy repite en sus escritos en realidad es una frase que puso de moda un inglés cuyo nombre no recuerdo, y que justamente se hizo conocido por acuñar esas que ahora llamamos frases hechas. Pobre tipo, ¿te imaginas matarte escribiendo novelas para que lo único que recuerden de ti sean tus huachafadas?

En fin, nada, regresa infeliz. te extrañamos.

Pierre dijo...

xDDDDDD
así es la vida del artista
Más bien te cuento que ayer terminé de leer El retrato de Dorian Gray y ahora comprendo tu amor a Wilde. El personaje de Lord Henry es un ídolo de multitudes. Todas las frases que la gente conoce de Wilde, son cosas que ha dicho este personaje.

Me gustaría mucho tener ese libro de Snoopy que cuentas pero justo ayer fui a Amazonas pensando gastar 20 soles y gasté 120 y por tanto ya tengo prohibido volver a comprar libros al menos hasta que comiencen las clases. La buena noticia es que encontré "Ojos de perro azul" en Bruguera. Cuéntale al Inde para que se vuelva chango porque él también lo andaba buscando.

Gracias por visitar. Prometo volver pronto. Baja a la presentación del poemario de Karen y ahí nos vemos pe'

beso

Paco Castillo dijo...

Confieso que me ha atrapado tu sentido del humor al relatar la decepcionante experiencia vivida con la lectura de Los "Tres Mosqueteros". A veces me ha ocurrido algo similar, pero eso me hace reconsiderar la causa de tal desencuentro. Es posible que nos acerquemos a determinadas obras con la mente demasiado "contaminada" por los males de nuestros tiempos, la inmediatez en todo, el aislamiento y un sinfín de cuestiones que ya conocemos. Intentamos, conscientes o no, que la obra se adapte a nuestra manera de ser y estar, aquí y ahora. Pero lo bonito es aceptar la "invitación" del libro, meterte en él, ser tú el que te adaptes a su propuesta. A los libros, mejor viajar con la "maleta vacía" para, luego, traerla cargada de recuerdos. En cualquier caso, cuando no te gusta un libro, se cierran sus páginas y a correr a por otro. Buen blog, y estupenda manera de contar las cosas. Un saludo desde España.

Pierre dijo...

Ah Paco, es cierto, daría todo por leer un libro como cuando tenía 10 años. Muchas gracias por tu visita. Un abrazo