jueves, 19 de abril de 2012

la vida instrucciones de uso

Hoy se me ha terminado el poco dinero que me quedaba y que había ido estirando tenazmente, como el pellejo de una cabra sobre el chasis de un tambor. Planeaba sobrevivir cocinando la bolsa de arroz que queda en mi alacena pero es que también se ha terminado el gas. El delgado brazo de fuego se aferraba a la hornilla como si comprendiera mi desesperación. Finalmente cayó a las tuberías con un grito sordo. Por un momento, me he quedado frente a la cocina sin saber qué hacer.  Luego recordé que la olla arrocera funciona con corriente así que he metido ahí el arroz con algunos ajos picados. Como además me ardía la garganta le agregué también un buen pedazo de kión y dos huevos crudos que encontré en la refrigeradora. Esa ha sido mi cena. La he comido viendo los simpsons.

Para hoy, ya no había nada. Solo me quedaba la tarjeta bancaria que mi tía Magali me dejó antes de viajar a Chile. Se ha ido para unirse a una secta de hombres-luciérnagas que hablan de la luz como si fuera el nuevo mesías. Han pasado ya más de dos semanas y mi tía aún no vuelve. Mi madre está preocupada. Piensa que ha sido mentalmente abducida con tanta luz. Yo solo recordé que al darme la tarjeta mi tía me había dicho que por estos días le iban a depositar su sueldo así que he ido al banco con la esperanza de encontrar algunos miles de soles. Nada. Habían doce soles en la cuenta. Igual los he sacado. Con eso he almorzado picante de carne y he comprado unos panes franceses para la noche. Después de esto solo me quedan mis monedas de la colección con motivos arqueológicos del Perú que espero no tener que usar, otra vez.

No es que yo esté irremediablemente destinado a la miseria. De hecho, mientras escribo esto, estoy también haciendo un par de esas animaciones que me vuelven esporádicamente millonario y con las que en un par de semanas podré comprar comida y tal vez hasta algunos libros y películas. Es solo que como el trabajo llega a mi vida sin que yo lo busque, a veces pasa algún tiempo sin que se le vea por aquí.  Sé que podría ir a buscarlo como hacen los hombres, solo que mi biblioteca y mi ventana me lo impiden..

De todas formas, todo este desbarajuste en la economía de mi hogar, me ha recordado que hace un tiempo, al pasar por el puestito de libros viejos de la Católica, vi un libro de Georges Perec cuyo título me llamó mucho la atención. Se llamaba: "La vida instrucciones de uso". Era un libro rojo, gordísimo, de la colección de Compactos Anagrama. Me pareció muy loco que alguien (que no fuese un patético escritor de autoayuda) hubiese titulado su obra así. Y sobre todo, porque al tratarse de un libro de 500 páginas con apariencia de enciclopedia, le daba a uno la sensación de que el título, era literal y que aquel libro realmente contenía las instrucciones para... bueno, el hecho es que lo estaban rematando por cuarenta soles, dinero que en ese momento yo no tenía. Tiempo después me arrepentí mucho de no haberlo comprado pues vi que era muy difícil encontrarlo en librerías y si alguna lo tenía, lo vendía por más de cuatro veces el precio que aquella vez me pidieron.


La cosa es que ayer he buscado el libro en internet y lo he encontrado. No está en PDF sino en Word, pero creo que igual se lee muy bien.  Y bueno, aunque solo he leído el Preámbulo antes del Capítulo 1, creo que mis sospechas eran ciertas y se trata de un libro genial.  Si le dan click a la imagen de los puzzles se abrirá una ventana para que se descarguen el libro automáticamente. El archivo se llama 181.doc




 

1 comentario:

Tatiana dijo...

Cada vez que leo tu blog me quedo pegada con tus historias, he empezado a leer el libro, está muy bueno, gracias por el link!