jueves, 14 de enero de 2010

orientación vocacional 5

Cuatro sádicos de mi promoción decidieron ser dentistas. Cuatro de una promoción de veintiocho. Prueba suficiente de que mi colegio estaba lleno de gente seriamente perturbada. Recuerden estos nombres: Giancarlo Suárez, Martín Reynoso, Arturo Céspedes y Giuliana Tapia. Anótenlos y táchenlos de sus guías telefónicas. Giancarlo Suárez tenía manos y alma de destripador. Lo sé porque me agarró del cogote la primera vez que intenté sentarme junto a Liliana Razzuri. En el colegio sentarte junto a la chica de tu pata es el equivalente adulto a escaparte con ella a Las Vegas. Liliana no era su novia pero igual Giancarlo me agarró del cogote porque como ya dije, tenía manos y alma de destripador. Martín Reynoso era un buen tipo y nunca agarró del cogote a nadie, pero tenía la puntería de un epiléptico meando en un baño a oscuras. Reventó un par de cabezas jugando al trompo y unas cuantas ventanas en otros menesteres. No le dejaría meter mano a mi boca ni aunque se me hubiera hecho un estanque de ranas dentro. Con Arturo Céspedes no había gran problema pero es que ese muchacho andaba siempre rascándose el culo. Y Giuliana Tapia bueno, según supe fue la primera de su promoción, además de que imagino que seguirá siendo la misma chica guapa y encantadora del colegio. Supongo que podrían ir a atenderse con ella, pero verán, la salvaje no tuvo mejor idea que ir a compartir el consultorio con el cabrón de Giancarlo Suárez. Y la verdad es que a estas alturas de la vida, yo al menos ya no tengo muchas ganas de que vuelvan a agarrarme del cogote.


2 comentarios:

Mari dijo...

espero que sean nombres ficticios y no te ganes ninguna demanda

pero me está gustando esta sección de orientación vocacional

noseasloco dijo...

pierre...vaya a su dentishta!!